Amado Padre, ¿cómo podemos comprender aún mejor tu amor?
Cuando los israelitas te ofendieron danzando alrededor del becerro de oro (Éx 32,8), aceptaste la súplica de tu siervo Moisés en su favor y no les tuviste en cuenta su pecado. Una y otra vez nos encontramos con tu disposición a perdonar, aunque se trate de los pecados más repugnantes, ¡y son tantos!
