“MORIR, RESUCITAR Y VIVIR”

«Alejarse de ti significa MORIR; volver a ti significa RESUCITAR; morar en ti significa VIVIR» (San Agustín).

Con estas breves palabras, san Agustín da en el clavo. En efecto, si nos alejáramos de ti, amado Padre —lo cual te rogamos que impidas siempre—, ya no podríamos acoger tu gracia ni tu amor solícito por nosotros. Todo en nosotros empezaría a morir, todo aquello en lo que radica el verdadero sentido de nuestra existencia.

En consecuencia, nuestro corazón se apegaría a lo pasajero, que nunca podrá llenarnos. La muerte espiritual nos acompañaría, por así decirlo, disfrazada y ofreciéndonos diversos sustitutos como si fueran vida. Nuestra alma se vería sumida en una profunda aflicción y tendría que fingir constantemente estar bien. ¡Qué estado tan desolador! ¡Ayúdame, amado Padre!

¿Qué responderías a tal clamor? Sin duda, estarías de acuerdo con la afirmación de san Agustín y exclamarías:

«¡Vuelve a mí! ¡Escúchame! ¡Te estoy esperando! ¡Libérate de tus cadenas! Yo te escucharé cuando me invoques. Puedes resucitar de esta muerte y volver a la vida. Aunque tus pecados te opriman y pesen sobre ti, te he allanado un camino: en la Cruz de mi Hijo encontrarás el perdón y la vida. Allí serás purificado de toda mancha.

Entonces, una nueva vida despuntará y morarás en mí. Esa será tu verdadera vida, y podrás respirar aliviado. Se soltarán las cadenas y tu alma exultará de gozo. ¡Has vuelto a casa y me alegro de que ahora estés conmigo! ¡Habitarás conmigo para siempre y vivirás!

¡Eso es lo que he previsto para ti!».