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Todo lo que hemos escuchado en las meditaciones previas sobre el Anticristo muestra claramente cuán peligroso resulta el espíritu anticristiano para la humanidad. Es el más tenaz y quizá también el último intento del Diablo por expandir su dominio al mundo entero, subyugarlo y, de ser posible, ser adorado por los hombres.
Dios permite estas pruebas y las incluye en su plan de salvación, porque nada sucede sin que nuestro Señor lo sepa y sin que Él lo ordene conforme a su voluntad.
Puesto que Cristo está presente en su Iglesia, el ataque del Anticristo y sus secuaces se dirigirá particularmente contra ella, que se interpone en la realización de sus planes. Asimismo, todo orden estatal que esté al servicio de la justicia y no abuse de su poder, constituye un obstáculo para las pretensiones del Anticristo. Por eso, sus «discípulos» procuran desestabilizar todo orden existente en diversos ámbitos, ya que este orden está directa o indirectamente relacionado con Dios. De este modo, quieren imponer sus planes y allanar el terreno para el dominio del Anticristo, que, según sus proyectos, ha de regir el mundo entero. Recordemos que el Anticristo será una persona concreta totalmente dominada por Lucifer, de manera que el Diablo querrá manifestar a través de él su reino en la Tierra.
En este contexto, adquiere una particular importancia el espíritu de discernimiento, que desenmascara los intentos de engaño de Lucifer.
Los católicos vigilantes deberían ser capaces de percibir con facilidad la influencia anticristiana sobre el mundo y los gobiernos cuando éstos decretan leyes injustas. En el pasado, hubo suficientes y claras declaraciones de jerarcas que ayudaron a los fieles a hacer un buen discernimiento de los espíritus. Lamentablemente, esto ha cambiado.
Por tanto, ahora debemos fijarnos primordialmente en la Iglesia y plantearnos la seria pregunta de si acaso en ella está actuando el «espíritu del Anticristo» hasta el punto de que gran parte de la jerarquía haya perdido su rumbo, se haya dejado engañar e incluso coopere así con este espíritu.
En otras palabras: ¿será que los «discípulos del Anticristo» han logrado poner bajo su influencia puntos clave de la dirección de la Iglesia? ¿Se está formando ya en el seno de la Iglesia una especie de «anti-Iglesia»? ¿O acaso ya ha surgido?
No podemos cerrar los ojos ante tales cuestionamientos, que se han vuelto particularmente urgentes, sobre todo desde el pontificado de Francisco y su sucesor, León XIV. Para reflexionar con más detenimiento sobre esta cuestión, escuchemos las afirmaciones de dos papas anteriores que se refieren a este aspecto:
El Papa Pablo VI dijo el 13 de octubre de 1977: «La cola del demonio está llevando a cabo la desintegración del mundo católico. La oscuridad de Satanás ha entrado en el mundo católico, difundiéndose hasta llegar incluso a sus niveles más altos. La apostasía, la pérdida de la fe, se están difundiendo en el mundo y en los niveles más altos de la Iglesia» (Pablo VI, Discurso en el sexagésimo aniversario de las apariciones de Fátima, 13 de octubre de 1977).
El Cardenal Karol Wojtyła dijo lo siguiente en el Congreso Eucarístico de Filadelfia en 1977, dos años antes de ser elegido Papa:
«Estamos ahora ante la confrontación histórica más grande que la humanidad jamás haya pasado. Estamos ante la contienda final entre la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio. Esta confrontación descansa dentro de los planes de la Divina Providencia y es un reto que la Iglesia entera tiene que aceptar.»
Escuchemos otra voz profética dentro de la jerarquía de la Iglesia: el obispo Fulton Sheen de Estados Unidos:
«El Falso Profeta tendrá una religión sin cruz; una religión sin un mundo por venir; una religión para destruir las religiones. Habrá una iglesia falsa. La Iglesia de Cristo [la Iglesia Católica] será una. Y el Falso Profeta va a crear otra. La falsa iglesia será mundana, ecuménica y mundial. Va a ser una federación de iglesias. Y las religiones formarán algún tipo de asociación global: un parlamento mundial de iglesias, vaciadas de todo contenido divino. Será el “cuerpo místico del Anticristo”. El Cuerpo Místico en la tierra tendrá hoy su Judas Iscariote, y él será el Falso Profeta. Satanás lo reclutará de entre nuestros obispos.» (Flynn T & L. El Trueno de la Justicia. Maxkol Comunicaciones, Sterling, VA, 1993, p. 20)
Todas estas serias palabras muestran que la cuestión planteada anteriormente —si los «seguidores del Anticristo», sabiéndolo o sin saberlo, ya están marcando en gran medida el rumbo del pontificado actual— exige urgentemente una respuesta. Los fieles no pueden ser inducidos a error. Precisamente porque, como católicos, estamos llamados a escuchar la voz de nuestros pastores, es necesario aplicar el discernimiento de los espíritus y cuestionarnos si ya hay claros indicios de un grave desvío por parte de la jerarquía eclesiástica. Esto es sumamente importante, ya que, de lo contrario, un espíritu falso podría abusar de la obediencia de los fieles —que, en sí misma, es un gran bien— para desviarlos del camino del Espíritu Santo y guiarlos por un rumbo equivocado.
Tras haber escuchado en las meditaciones anteriores lo que nos dicen las Sagradas Escrituras y algunos buenos autores sobre el Anticristo, así como las palabras de dos papas y un obispo, pasaremos mañana a reflexionar sobre algunos testimonios procedentes del ámbito profético y místico para complementar el tema.
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Meditación sobre la lectura del día (Fiesta de Santa María Magdalena): https://es.elijamission.net/el-camino-del-amor-3/