Una nueva Creación        

 

2Cor 5,14-17

El amor de Cristo nos apremia, persuadidos de que si uno murió por todos, en consecuencia todos murieron. Y murió por todos a fin de que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que desde ahora no conocemos a nadie según la carne; y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo. leer más

Despreocupación en el amor de Dios

 

Mt 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, discurriendo con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, pero vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.

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Una lección para la vida espiritual

 

Mt 6,19-23

Jesús dijo a sus discípulos: “No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.  La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué grande será la oscuridad!”

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Padre Nuestro

 

Mt 6,7-15

Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando oréis, no charléis mucho, como los paganos, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.

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Oración, ayuno y limosna

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; en tal caso no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Así que, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que con eso ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

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Sed perfectos como vuestro Padre Celestial

Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los paganos? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del Cielo.”

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Si alguien te hace daño…

Mt 5,38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo que no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitar contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla, vete con él dos. A quien te pida da, y no vuelvas la espalda al que desee que le prestes algo.”

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Vivir en el exilio

2Cor 5,6-10

Nos sentimos plenamente seguros, aun sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor; en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él, nuestro único deseo es agradarlo. Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal.
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Recuerda lo que he hecho contigo

 

1Re 19,19-21

En aquellos días, Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Tenía frente a él doce yuntas y él estaba con la duodécima. Elías pasó a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: “Déjame ir a besar a mi padre y a mi madre y te seguiré.” Le respondió: “Puedes ir, pero recuerda lo que he hecho contigo.” Volvió atrás Eliseo, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó a la gente para que comieran. Luego siguió a Elías y se puso a su servicio.

 

La vocación de Eliseo y su inmediata respuesta nos recuerdan aquella escena en que los discípulos fueron llamados por el Señor y dejaron todo atrás para seguirlo. En este caso, Elías permite a su sucesor despedirse de su familia. Jesús, en cambio, nos muestra con más claridad aún cuán importante es una vocación tal. A partir del momento de ser llamada, la persona ha de ocuparse exclusivamente en el Reino de Dios: “El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino de los cielos” (Lc 9,62). O también: “Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10,37).

Es importante que comprendamos la dimensión de una vocación como la que recibió Eliseo. De ninguna manera se opone a la familia ni le quita la importancia que ésta tiene en el orden de la vida natural. El mandamiento de honrar padre y madre por supuesto que permanece vigente.

Pero una vocación como ésta hace parte de la dimensión sobrenatural y es un llamado directo a entrar en el servicio de Dios. Para estar totalmente libres para corresponder a este llamado, las relaciones naturales pasan a un segundo plano. La preocupación por el bienestar de la familia se transforma en una preocupación universal por las intenciones del Reino de Dios.

Cuando una persona recibe un llamado tal, Dios le está dando una gran muestra de su amor, y podemos estar seguros de que su vocación se convertirá en bendición también para su familia natural, aun si muchas veces no lo comprenden en un primer momento.

El celibato de los sacerdotes católicos ha de ser entendido en el contexto de esta vocación especial. Su vida refleja la vida del Hijo de Dios, quien no contrajo matrimonio. Podríamos considerar muchos aspectos de esta forma de vida, que nos permitirían descubrir aún más su valor. Pero en el marco de la lectura de hoy, conviene que meditemos especialmente sobre el carácter de la vocación en cuanto que saca a una persona del contexto natural que suele ser dominante en la vida humana.

En el seguimiento del Señor, todo cristiano ha de transformar sus costumbres y su forma de pensar. Como nos enseña San Pablo, hemos de “aspirar las cosas de arriba; no las de la tierra” (Col 3,2). Si esto se aplica para el cristiano que vive en el mundo, que lógicamente tiene que ocuparse mucho más de las realidades cotidianas de la vida, y hacerlo en el Espíritu de Cristo; cuenta especialmente para aquellos que han sido llamados a abandonar el mundo y han sido liberados de muchas cargas terrenales.

Sería paradójico dejar el mundo por causa de Jesús, para luego seguir ocupándose voluntariamente de las cosas mundanas de una manera que ata el corazón.

Aquellas personas que han recibido un llamamiento especial para seguir a Cristo, han de guardar en su interior estas palabras del profeta Elías: “Recuerda lo que he hecho contigo”, porque también sobre ellas ha sido “echado el manto del profeta”, al tener una especial participación en la vocación profética.

“Recuerda lo que he hecho contigo”… Y la frase podría continuar así: “Considera tu vocación como un llamado especial de amor, que te llama a la responsabilidad de corresponderle. Por eso, sólo a mí has de apegarte, para que Yo pueda enviarte, para que pueda vivir en Ti, para que te conviertas en bendición para otros…”

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El Profeta Elías y el Espíritu Santo

 

1Re 19,9a.11-16

En aquellos días, cuando Elías llegó a Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva, y pasó en ella toda la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!» Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le decía: «¿Qué haces, aquí, Elías?» Respondió: «Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme.» El Señor dijo: «Desanda tu camino hacia el desierto de Damasco y, cuando llegues, unge rey de Siria a Jazael, rey de Israel a Jehú, hijo de Nimsí, y profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá.»

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