«Sigue adelante, examínalo todo a mi luz y continúa» (Palabra interior).
Nuestro Padre quiere que recorramos conscientemente el camino hacia la eternidad, creciendo en la fe, la esperanza y la caridad. Para ello, nos brinda muchas oportunidades cada día. Si lo comprendemos y lo ponemos en práctica, muchas cosas cambian en nuestra vida. La eternidad deja de ser una meta lejana e indefinida en la que pensamos poco o nada. Todo lo contrario: cuanto más conscientes nos volvemos de lo que nos espera y más comienza a anhelarlo nuestro corazón, más la eternidad impregnará nuestra realidad cotidiana. Nos enseñará a afrontar con mayor esmero y atención la tarea que se nos ha encomendado. Así, nos volveremos más prudentes y decididos, y dejaremos atrás con mayor facilidad aquellas cosas que, en realidad, no son tan importantes para centrarnos en lo que verdaderamente cuenta.
Pensemos en nuestro Señor, que avanzaba conscientemente hacia su «hora». Ciertamente, lo que Él quiere de nosotros es un caminar sereno, pero constante, sin desaprovechar el tiempo ni perder de vista la meta.
Al mismo tiempo, nos aconseja que examinemos cada paso, es decir, que nos reafirmemos a la luz de Dios para poder avanzar con nueva seguridad.
Nuestro Padre nos lo pone fácil, siempre y cuando tomemos en serio sus consejos. No es un camino que tengamos que forjar con nuestros propios esfuerzos y sin tregua. Antes bien, es un camino que el Padre ha trazado para nosotros. Nuestra tarea consiste en aceptar su guía y ponerla en práctica en su Espíritu. Eso requiere vigilancia por nuestra parte, y es eso lo que siempre debemos examinar. Si lo hacemos, ¿por qué nuestro Padre no nos daría toda la ayuda que precisamos?
