Memoria de San Blas: “Consolaciones y tribulaciones bajo la mirada del Padre”

Hoy se celebra la memoria de San Blas, obispo de Sebaste en Armenia, que obró grandes milagros y padeció el martirio en el año 316. Escucharemos en su honor la lectura de la segunda Misa para un mártir y obispo.

2Cor 1,3-7

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros seamos capaces de consolar a los que se encuentran en cualquier tribulación, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque, así como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, así abunda también nuestra consolación por medio de Cristo. Pues, si somos atribulados, es para consuelo y salvación vuestra; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que muestra su eficacia en la paciencia con que soportáis los mismos sufrimientos que nosotros. Y es firme nuestra esperanza acerca de vosotros, porque sabemos que así como sois solidarios en los padecimientos, también lo seréis en la consolación. leer más

Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel

Lc 2,22-40

Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’, y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Vivía por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, que esperaba que Dios consolase a Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, lo tomó en brazos y alabó a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

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Las cartas de San Ignacio

 

En el calendario tradicional, se celebra hoy la fiesta de San Ignacio de Antioquía. Si alguien prefiere una meditación que corresponda al calendario actual, puede encontrar el enlace al final.

De acuerdo con la tradición de la Iglesia, San Ignacio de Antioquía fue discípulo de los apóstoles Pedro y Juan. Más adelante fue nombrado obispo de Antioquía, la capital siria. Murió mártir, y desde los primeros tiempos fue venerado como santo en la Iglesia. Él se llamaba a sí mismo siempre con este nombre: Teóforo (θεοφόρος), que quiere decir “portador de Dios”.

Según Orígenes, Eusebio y Jerónimo, San Ignacio habría sido el tercer obispo de Antioquía, si se cuenta al apóstol Pedro como primero y a su sucesor Evodio como el segundo. Lo cierto es que fue obispo y que fue condenado a muerte bajo el emperador Trajano. En su viaje de Antioquía a Roma, Ignacio escribió las siete cartas que han sido preservadas hasta nuestro tiempo y que son consideradas como una joya de la fe cristiana primitiva y de profunda piedad.

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Don Bosco y la confianza

Fil 4,4-9

Lectura correspondiente a la memoria de San Juan Bosco

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Y que todos conozcan vuestra clemencia. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia, custodiará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable y de honorable; todo cuanto sea virtud o valor, tenedlo en aprecio. Poned por obra todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.

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Santa Martina de Roma

Hoy celebramos nuevamente a una de las santas vírgenes que sufrieron el martirio al comienzo de la propagación del cristianismo en el Imperio Romano, convirtiéndose así en semillas para el crecimiento del Reino de Dios. Es admirable ver con qué fe y determinación estas jóvenes permanecieron fieles al Señor, sin dejarse doblegar. No sólo debemos recordarlas e imitar su ejemplo, sino que podemos pedirles concretamente que nos ayuden a permanecer fieles al Señor cuando nosotros mismos suframos calumnias y persecuciones.

Una y otra vez he señalado en mis meditaciones y conferencias que creo que actualmente nuestra fe está siendo amenazada tanto desde fuera como desde dentro. Ciertamente en todas las épocas se ha visto en peligro, pero no podemos pasar por alto que ahora estamos en un tiempo en que la verdad de nuestra fe está siendo atacada globalmente (aunque con distinta intensidad dependiendo de la región). Así, se puede llegar fácilmente a una situación de persecución.

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La sabiduría de San Francisco de Sales

En el calendario tradicional, se conmemora hoy a San Francisco de Sales. Si alguien prefiere una meditación que corresponda al calendario actual, puede encontrarla en este enlace: https://es.elijamission.net/la-luz-sobre-el-candelero/

San Francisco de Sales nació el 21 de agosto de 1567 en la región de Saboya en Francia. El joven, perteneciente a la nobleza, estaba inicialmente encaminado hacia una carrera mundana. Estudió Derecho en París y en Padua. Paralelamente estudió teología, debido a que la doctrina calvinista de la predestinación le produjo una crisis. Tras doctorarse en derecho civil y canónico, iba a convertirse en senador, pero impuso su decisión de hacerse sacerdote a pesar de las resistencias de su padre.

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Elogio a la sabiduría

Sab 7,7-10.15-16

Lectura correspondiente a la memoria de Santo Tomás de Aquino

Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos y en su comparación tuve en nada la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena, y ante ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y a la belleza y preferí tenerla como luz, porque su claridad no anochece. Que Dios me conceda hablar con conocimiento y tener pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la sabiduría y quien dirige a los sabios. En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, toda prudencia y toda habilidad práctica.

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El verdadero parentesco de Jesús

Mc 3,31-35

En aquel tiempo, vinieron la madre y los hermanos de Jesús y, quedándose fuera, enviaron a llamarlo. Y estaba sentada a su alrededor una muchedumbre, y le dicen: “Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera”. Y, en respuesta, les dice: “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?” Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: “Éstos son mi madre y mis hermanos: quien hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”.

Este pasaje del evangelio no es, de ningún modo, un rechazo del Señor a su madre y a sus hermanos, como podría dar la impresión a primera vista. Más bien, el Señor amplía nuestra mirada dirigiéndola a la humanidad entera, que está llamada a constituir una sola familia celestial y universal.

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Memoria de los Santos Timoteo y Tito: “Reavivar el don de Dios”

2Tim 1,1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, encargado de anunciar la promesa de vida que está en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido. Gracia, misericordia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien, como mis antepasados, rindo culto con una conciencia pura, cuando continuamente, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones. Al acordarme de tus lágrimas, siento vivos deseos de verte, para llenarme de alegría. Pues evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti.

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Fiesta de la conversión de San Pablo: “La grandeza de una vocación”

NOTA: A pesar de ser domingo, queremos dedicar la meditación de hoy a la fiesta litúrgica que normalmente se celebra el 25 de enero: la conversión de san Pablo. De hecho, el incansable Apóstol de los Gentiles se ha convertido en nuestro santo patrón para la misión que nos ha sido encomendada. Quien prefiera escuchar una meditación sobre la lectura del día, puede encontrar el enlace correspondiente al final del texto.

Hch 22,3-16

En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: “Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad e instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros antepasados. Estuve lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte este Camino, encadenando y encarcelando a hombres y mujeres, como pueden certificarlo el Sumo Sacerdote y todo el consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados. Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo. Caí entonces al suelo y oí una voz que me decía: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ Yo respondí: ‘¿Quién eres, Señor?’ Me dijo: ‘Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues.’ Los que estaban allí vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

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