Día 11: “Alegría, oración y gratitud”

En la lectura de hoy (1Tes 5,14-23), escuchamos las instrucciones de San Pablo a la comunidad de Tesalónica sobre cómo deben vivir para que la paz de Dios reine entre ellos y para que todo su ser se conserve sin mancha «hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (v. 23). Hoy nos detendremos en tres de las diversas exhortaciones que el Apóstol dirige a los tesalonicenses:

1) «Estad siempre alegres» (v. 16).

2) «Orad sin cesar» (v. 17).

3) «Dad gracias por todo» (v. 18).

«Estad siempre alegres».

Ciertamente, no se trata de una alegría a nivel sentimental. Por muy hermosa que esta sea, puede desvanecerse rápidamente y ser sustituida por otros sentimientos. San Pablo debe referirse más bien a una alegría espiritual: la alegría en Dios. Al recordar cada día que Dios nos ama, podemos hallar una alegría profunda y duradera, especialmente si tomamos conciencia de que ni siquiera nos retira su amor cuando somos débiles y no estamos a la altura de lo que nos habíamos propuesto. Dios ha pronunciado un «sí» irrevocable sobre nuestra vida, con el que podemos hacer frente a los diversos «no» que encontramos dentro y fuera de nosotros.

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Día 10: “Valiosas advertencias”

En la lectura de hoy (Ez 18,20-28), el Señor se enfrenta a un litigio con su pueblo, que lo acusa de ser injusto. ¿Cuál es el motivo? El Señor se explica:

«En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado —oráculo del Señor—, y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?» Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá» (Ez 18,21-24).

Evidentemente, los judíos estaban en desacuerdo con estas afirmaciones, pues el Señor les dice a través del Profeta: «Vosotros decís:  “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?» (v. 25).

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Día 9: “Responsabilidad y docilidad a la Voluntad de Dios”

Hoy, en nuestro itinerario cuaresmal, se nos presenta primero una lectura del profeta Ezequiel (Ez 18,1-9). En ella, el Señor quiere clarificar una falsa concepción que evidentemente se tenía en el pueblo de Israel y que se expresaba en pensamientos y proverbios erróneos. «¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: “Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera”?» (v. 2).

El Señor deja claro que no quiere volver a escuchar tales palabras en Israel y que cada persona es responsable de sus propios actos: «Mirad: todas las almas son mías, el alma del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá» (v. 4). A continuación, Dios nos indica cómo debemos vivir para agradarle, y podemos resumirlo en el versículo 9: «El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda».

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Día 8: “De la mano de Moisés y Elías, hacia un testimonio auténtico”

En las dos lecturas de hoy (Ex 24,12-18 y 1Re 19,3-8) nos encontramos con los dos grandes profetas de la Antigua Alianza. Por un lado, está Moisés, que liberó al pueblo de Israel del yugo del faraón egipcio y lo guió por el desierto por encargo del Señor. Dios tiene grandes designios para con Moisés, lo llama a subir al monte Sinaí y le dice: «Sube hasta mí, al monte; quédate allí, y te daré las tablas de piedra —la ley y los mandamientos— que tengo escritos para su instrucción» (Ex 24,12).

Moisés obedeció y, cuando la gloria del Señor apareció sobre la cumbre como fuego devorador, subió al monte, donde «permaneció cuarenta días y cuarenta noches» (v. 18).

Un acontecimiento decisivo estaba a punto de suceder, para lo cual Dios preparó a Moisés durante ese tiempo, introduciéndolo aún más en la misión que le había encomendado.

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Día 7: “Purificación del templo interior y exterior”

Hoy es el séptimo día de nuestro itinerario hacia la Santa Pascua. En la lectura de hoy, el Señor nos hace un llamado a la conversión:

«Buscad al Señor mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar» (Is 55,6-7).

Aunque esperamos que nuestros pensamientos y acciones no lleguen al punto de ser malvados o inicuos —¡Dios no lo permita!—, siempre estamos llamados a convertirnos más profundamente y a dejar atrás todo aquello que podría separarnos del amor de Dios. Si bien podemos contar con su misericordia y paciencia, el llamado permanente a la conversión se dirige a nuestro libre albedrío, que Él mismo nos ha concedido. El Señor quiere nuestra respuesta para guiarnos por sus caminos, que a menudo difieren de los nuestros:

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Día 6: “Dios es el buen pastor y nos invita a imitarlo”

Hoy, en el sexto día de nuestro itinerario cuaresmal, llegan a nuestros oídos palabras reconfortantes. Dios mismo, que es nuestro pastor, nos asegura que se hará cargo de sus ovejas. Aunque las palabras del profeta Ezequiel en la lectura de hoy (Ez 34,11-16), en las que se manifiesta de forma especial la bondad divina, se dirigen en primer lugar al pueblo de Israel, también se extienden a todas las personas que viven en la dispersión. Que escuchen las palabras de consuelo del Señor:

«Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Buscaré la oveja perdida, haré volver a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la enferma; y conservaré a la que está gorda y robusta: a todas las pastorearé con justicia» (Ez 34,11.16).

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Día 5: “Aprovechar la gracia y resistir a las tentaciones”

«Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: ‘En el tiempo favorable te escuché.’ ‘Y en el día de la salvación te ayudé’. Mirad, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,1-2).

Con esta exhortación, san Pablo nos introduce en el primer domingo de Cuaresma y nos ofrece una pauta esencial para avanzar en el camino emprendido en este tiempo de gracia. Antiguamente, la Cuaresma comenzaba precisamente este domingo. Se consideraba una «segunda puerta de entrada» a este gran tiempo de penitencia, después de haber atravesado la primera puerta del Miércoles de Ceniza. Si partimos de la concepción de la «segunda puerta», entonces leeríamos con letras de oro la siguiente inscripción sobre ella: «Aprovecha el tiempo de la gracia».

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Día 4: “La fe desata la obra de Dios”

Hoy, en el cuarto día de nuestro itinerario cuaresmal, el Señor, por medio del profeta Isaías, insiste una vez más en la importancia de actuar justamente con el prójimo y de cumplir sus mandamientos. Si lo hacemos, la verdadera paz podrá entrar en nuestra alma y sucederá tal y como nos asegura la lectura:

«Serás como huerto bien regado y como manantial perenne cuyas aguas jamás faltarán (…). Entonces tendrás tus delicias en el Señor y yo te elevaré sobre toda terrena altura» (Is 58,11b.14a).

En efecto, solo la recta conducta y el cumplimiento de los mandamientos de Dios traen la verdadera paz al hombre y le capacitan para convertirse, a su vez, en «instrumento de paz». Si vivimos en la gracia de Dios —o, en palabras del profeta Isaías, si somos un «huerto bien regado»—, entonces también daremos buenos frutos. En cambio, ¿cómo podría haber paz si, a causa del pecado, vivimos en contradicción interior y en oposición a Dios? Por eso, el llamado a la conversión siempre es prioritario, ya sea que nos hayamos desviado totalmente del camino, que no conozcamos a Dios o que hayamos descuidado el seguimiento de Cristo y no hayamos respondido lo suficiente a la gracia que se nos ha confiado.

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Día 3: “Los beneficios del ayuno”

Hoy, en el tercer día de nuestro itinerario cuaresmal, las lecturas nos introducen en los temas del ayuno y del amor a los enemigos.

El ayuno —y con ello nos referimos, en primer lugar, al ayuno corporal, que era muy común en la Iglesia en tiempos pasados— es una práctica muy buena y provechosa para nuestra vida espiritual en el seguimiento de Cristo. Sin duda, es un sacrificio grato a los ojos de Dios si va acompañado de la lucha por la santidad en general. La lectura, tomada del Libro de Isaías, señala los frecuentes abusos que desagradaban a Dios en el ayuno practicado por su pueblo. Se entiende fácilmente que esta práctica solo puede resultar grata a sus ojos cuando se realiza con un corazón sincero.

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