Novena a Dios Padre – Día 1: “Dios es amor”

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A lo largo de los próximos 9 días, escucharemos breves meditaciones sobre nuestro Padre del cielo, intercaladas con cantos en su honor. Algunos fieles católicos celebran cada 7 de agosto una Fiesta en honor del Padre Celestial, el Padre de toda la humanidad. Esta fiesta se remonta a una petición que Él mismo expresó a la Madre Eugenia Ravasio en el año 1932. Esta revelación privada fue cautelosamente examinada y aprobada por el obispo local de la diócesis donde sucedieron los acontecimientos. Yo mismo también me topé hace varios años con este mensaje y me pareció muy valioso, pues me ayudó a profundizar mi relación con Dios Padre.

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Parte XIII: Reflexiones conclusivas

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A lo largo de las últimas semanas, he tratado dos temas muy serios en las meditaciones diarias. En la primera serie, hablé sobre el autoengaño y otros engaños que se han dado recientemente en el mundo y en la Iglesia. En la segunda serie, que en cierto sentido podría considerarse una prolongación de la primera, hemos hablado sobre el advenimiento de un Anticristo concreto, cuyo espíritu, desde mi punto de vista, ya está actuando intensamente para preparar su toma de poder.

Está claro que el espíritu del Anticristo no es otro que Lucifer, que quiere engañar a la humanidad para lograr su objetivo: usurpar el lugar de Dios entre los hombres y llevar así a su culmen su ciega rebelión contra Él.

El ángel caído sabe muy bien cuánto ama Dios a los hombres y qué glorioso futuro les ha preparado. Por eso, quiere arrastrarlos a su lado, engañarlos y privarlos de la salvación eterna. En él no queda ni un rastro de amor. Todo su ser se ha pervertido. En lugar de ser un portador de luz para los hombres y anunciarles la gloria de Dios, según la misión que le había sido encomendada, ahora, en su delirio, quiere establecer su propio reino en la Tierra. Para ello, se valdrá del Anticristo, pues necesita una persona visible que esté totalmente bajo su control. El dominio del Anticristo será una perversión del Reinado de Cristo. Él vino al mundo para cumplir la voluntad del Padre y establecer el Reino de su amor. El otro vendrá por encargo de Satanás y estará al servicio de aquel que quiere instaurar un reino de arbitrariedad y engaño.

¿Quién lo reconocerá? Muchas personas no se darán cuenta. Si el Anticristo se presenta hábilmente como un portador de paz y un benefactor de la humanidad, si les promete libertad y logra fascinarlos, la mayoría aceptará su dominio casi a ciegas y como si fuera lo más natural.

Por lo general, solo aquellos que tienen el espíritu de discernimiento y están firmemente arraigados en Dios podrán reconocer los engaños y las maquinaciones del Anticristo. Al igual que el apóstol san Juan advirtió en su tiempo del Anticristo y de muchos anticristos (1Jn 2,18), también deberían hacerlo hoy, en primer lugar, los pastores de la Iglesia. La Sagrada Escritura y la auténtica doctrina de la Iglesia constituyen una base sólida para identificar, con discernimiento, el espíritu anticristiano y advertir a los fieles sobre él. Pero aquí es donde nos encontramos con un gran problema: por lo general, tales advertencias ya casi no se oyen.

En el ámbito político, apenas encontraremos a alguien que, arraigado profundamente en la fe, se oponga con determinación a las corrientes anticristianas. Muchos se han dejado llevar por estas corrientes y basan su política en ellas. Podemos afirmar con el apóstol san Juan: «Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del Maligno» (1Jn 5,19).

Pero, ¿dónde queda la voz profética de la Iglesia para advertir al pueblo de Dios a través de sus pastores? Desde el pontificado de Francisco, las voces que advierten al rebaño se han reducido considerablemente y, a menudo, han guardado silencio. La creciente mundanización de la Iglesia y su debilitamiento interior debido a las falsas doctrinas no solo han acallado las tan necesarias advertencias de los pastores, sino que, por desgracia, tenemos que constatar que, en muchos niveles, la jerarquía eclesiástica coopera con el espíritu anticristiano.

En este contexto, recordemos las palabras de Don Gobbi sobre la infiltración de la masonería eclesiástica en la jerarquía. Aunque eso no necesariamente significa que los líderes de la Iglesia sean miembros registrados de esta asociación, lo cierto es que, con sus tendencias modernistas, han adoptado la mentalidad y los objetivos de la masonería y de otras corrientes similares inspiradas por el mismo espíritu hostil a Dios.

¿Qué podemos esperar entonces?

León XIV lleva adelante el rumbo nefasto de Francisco y lo consolida como si fuera algo natural para la Iglesia. Sin embargo, se trata de un camino erróneo que allana el terreno para el advenimiento del Anticristo. Algunos fieles se dan cuenta de que la Iglesia se está desviando, pero eluden el hecho evidente de quién es, en última instancia, el responsable de tales desviaciones. Pero no se puede simplemente cerrar los ojos, pues si no, corremos el riesgo de pasar por alto el «elefante en la habitación», como se dice en una expresión rusa para referirse a algo evidente que nadie quiere mencionar. Esto, a su vez, lleva a no sacar las conclusiones debidas.

He tratado estos temas en las dos últimas series con el fin de brindar a los fieles criterios de discernimiento y hacerles ver el peligro que ya está ahí y que puede intensificarse aún más para quienes quieran permanecer firmes en el Señor. Puesto que, en mi opinión, el advenimiento del Anticristo podría estar muy cerca, intentaré ayudar a los fieles mientras el Señor me lo permita[1].

En cualquier caso, ¡debemos permanecer fieles al Señor y a su Iglesia! Cuando el «hombre inicuo» se manifieste en la Tierra, habrá que ofrecerle resistencia con armas espirituales.

Concluidos estos temas serios, pero necesarios, empezaremos mañana la Novena a Dios Padre, quien ciertamente nos guiará de su mano a través de las tribulaciones de estos tiempos si nos dejamos conducir por Él.

[1] He publicado varias conferencias y artículos sobre este tema. Quienes estén interesados en profundizarlo, pueden consultar los siguientes enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=xzGrEYm-kfA

https://es.elijamission.net/blog-post/por-que-tematizo-el-anticristo-en-mi-blog/

 

Parte XII: La armadura espiritual

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Tras las once meditaciones previas de esta serie, ciertamente nos ha quedado claro que el Anticristo que ha de manifestarse en los Últimos Tiempos, antes de la Segunda Venida de Cristo, será una persona profundamente influenciada por Satanás. Pervirtiendo la unión hipostática del Hijo de Dios, que tomó naturaleza humana sin perder la divina, el Anticristo incurrirá en una especie de «unión pseudomística» con Lucifer. Soloviov hace alusión a ello en el “Breve relato sobre el Anticristo”, que resumí en la tercera parte de esta serie (https://es.elijamission.net/parte-iii-el-anticristo-conforme-al-relato-de-soloviov/).

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Parte XI: Otras formas de resistencia espiritual

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Quien tenga ojos para ver, sin duda podrá constatar hasta qué punto un «espíritu distinto» está ejerciendo influencia en la jerarquía eclesiástica y, en consecuencia, también en los fieles que confían en su guía. Por muy bueno que sea que las ovejas sigan a sus pastores, la obediencia experimenta un abuso cuando estos ya no guían al rebaño por el camino que Dios les ha trazado. Por desgracia, esto es precisamente lo que está sucediendo en puntos cruciales.

Una primera forma de ofrecer resistencia espiritual —que en ningún caso va dirigida personalmente contra los pastores descarriados, sino contra las falsas doctrinas y los espíritus malignos que están detrás— consiste en aferrarse firmemente a la doctrina tradicional de la Iglesia. Esto significa no aceptar ni dejarse influir por las novedades modernistas. Para ello, es necesaria la vigilancia, ya que el espíritu del relativismo no comenzó a difundirse en la Iglesia desde el pontificado de Francisco, sino que lleva décadas actuando y se ha intensificado tras el Concilio Vaticano II, alcanzando un nivel insoportable después del pontificado de Benedicto XVI.

En la meditación de ayer, recalcamos que la enseñanza moral católica no ha cambiado ni cambiará jamás en el corazón de la Iglesia. Solo hay intentos de adaptarla a una mentalidad modernista, con el fin de armonizarla mejor con la realidad política actual, lo cual supone un gran perjuicio para la Iglesia y el mundo. Tal pretensión lleva a la ruina de la Iglesia, porque la debilita desde dentro y la sal se vuelve sosa. Y lleva a la ruina del mundo, porque éste se ve privado de la voz que lo corrige y ya no tiene que enfrentarse al llamado a la conversión por parte de la Iglesia, ya que, entretanto, ella a menudo habla y actúa según la manera del mundo.

Echemos un vistazo a otras cuestiones fundamentales para la resistencia espiritual:

¡La misión de la Iglesia no ha cambiado! El mandato de anunciar el evangelio a todos los hombres sigue vigente (cf. Mt 28,19-20), porque nadie podrá salvarse sin Nuestro Señor Jesucristo. «Nadie va al Padre si no es por mí» (Jn 14,6). Todo diálogo y ecumenismo será auténtico solo en la medida en que obedezca a este mandato misionero del Señor. La meta de la misión no puede ser que el musulmán sea un mejor musulmán y el hindú, un mejor hindú, sino que todos han de encontrarse con el Dios que envió a su propio Hijo al mundo para salvarlos (cf. Jn 3,16). ¡Esto no podrá cambiarlo nadie, ni el Papa, ni un obispo, ni criatura alguna!

Quien se mantenga firme en esto ofrecerá una resistencia activa contra los poderes de la confusión que quieren distorsionar el mandato misionero de Jesús a la Iglesia, para integrarla en una asociación religiosa general y privarla así de su carácter necesario para la salvación.

En Efesios 6, san Pablo nos describe la armadura de Dios (cf. Ef 6,11-18). Una de las «armas de ataque» es el anuncio del Evangelio, ya que así se le arrebata al Maligno su poder sobre las almas y se proclama la victoria del Señor.

¡El camino de la santidad no ha cambiado! En primer lugar, se trata de acoger el amor de Dios y corresponder a él, de entrar en una relación íntima con el Señor y cultivarla. Para ello, Dios nos ha dado su palabra, la oración, los sacramentos y muchos otros medios.

El amor de Dios está en primer lugar, y de él brota el auténtico amor al prójimo. Es esencial que tengamos en cuenta esta jerarquía. De hecho, el amor de Dios es también el contenido más importante de la evangelización, pues se trata de la salvación de las almas, que aguardan la Redención y han de encontrarse con el amor de nuestro Padre. ¡Todos los demás temas han de subordinarse! No es la mejora del mundo lo que debe ocupar el primer lugar en el anuncio de la Iglesia, sino el amor de Dios manifestado en Nuestro Señor Jesucristo.

«Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos» –dice el Señor (Jn 17,26).

Quien, viviendo en estado de gracia, preserve cuidadosamente la sana doctrina y la enseñanza moral de la Iglesia, sirva al mandato misionero tal y como Jesús se lo encomendó a los apóstoles y aspire a la santidad, ya está equipado con una armadura estable para resistir a las fuerzas anticristianas y no dejarse enceguecer.

A esto se suman ciertas oraciones que no deberían descuidarse y que serán de gran ayuda: Entre ellas, la Liturgia de las Horas y la participación en la Santa Misa en la medida de lo posible, la confesión regular, el rezo diario del Santo Rosario, la oración a san Miguel Arcángel, la práctica de la oración del corazón, la lectura de la Sagrada Escritura y de otra literatura espiritual provechosa, la escucha de prédicas, conferencias y retiros, la práctica de las obras de misericordia espirituales y corporales, etc.

Por tanto, tenemos a nuestra disposición suficientes medios para cultivar la fe y consolidarnos en Cristo. Esta es la parte que nosotros podemos hacer para cooperar con la gracia y la protección que Dios nos concede.

En las dos últimas meditaciones de esta serie, hablaremos un poco más sobre el combate espiritual que todos debemos librar y compartiremos algunas reflexiones conclusivas sobre el tema de la influencia anticristiana.

 

 

Parte IX: Influencia anticristiana en la Iglesia

Al abordar la pregunta de si la Iglesia —o más bien su actual cúpula directiva— ya está bajo la influencia del Anticristo, el primer indicio que señalé fue la veneración pública de la Pachamama en los Jardines Vaticanos y en la Basílica de San Pedro, un suceso profundamente preocupante. Mencioné este ejemplo en la meditación de ayer porque es el más ilustrativo y contrasta radicalmente con lo que Dios encomendó a su pueblo en la Antigua Alianza y con la misión confiada a la Iglesia. ¿Cuántos mártires derramaron su sangre por negarse a sacrificar a los ídolos? Un acto de idolatría en el Vaticano es tan absurdo que uno no puede evitar preguntarse qué clase de ceguera se ha extendido para que algo así pueda suceder.

Entonces, ¿qué ha pasado? ¿Habría sido posible una transgresión semejante en la Iglesia hace cien años? ¡No! ¿Acaso hoy en día sabemos más que el propio Señor, que los apóstoles, los papas y los misioneros de todos los siglos, como para decir que esos actos son gestos de amabilidad hacia los indígenas y que pueden justificarse en el sentido de la inculturación del Evangelio?

¡No, no somos más sabios que Dios, que prohibió la idolatría en el Antiguo Testamento, ni más sabios que la Iglesia, que mantuvo el verdadero culto a Dios a lo largo de los siglos! Si un acto así no nos conmueve hasta las entrañas y nos impulsa a la reparación, es que hemos perdido el sentido de la fe y, con él, el espíritu de discernimiento. Por desgracia, no se ha escuchado nada semejante desde Roma.

¿Qué espíritu se esconde detrás de tales actos? ¡Sin duda, no es el Espíritu del Señor!

Por desgracia, no se trata de un caso aislado que habría podido repararse con esfuerzo y sacrificio, entre lágrimas y lamentos. Lamentablemente, no es así. Más bien, se alinea con muchas otras desviaciones que se han multiplicado desde el pontificado de Francisco. Al observarlo con detenimiento, no se puede evitar constatar que son los malos frutos de un «espíritu distinto» (cf. 2Cor 11,4).

El marco de las meditaciones diarias no es apropiado para exponer con todo detalle las anomalías de los pontificados posteriores al del papa Benedicto XVI. Sin embargo, en esta serie sobre el Anticristo, resulta ineludible mencionar al menos algunas de ellas para constatar hasta qué punto se está manifestando ya el espíritu anticristiano. Quienes quieran profundizar en el tema pueden leer mis publicaciones previas (https://es.elijamission.net/blog/, particularmente la serie sobre las “5 Heridas de la Iglesia: https://es.elijamission.net/wp-content/uploads/2025/03/LAS-CINCO-HERIDAS-DE-LA-IGLESIA.pdf) o consultar otras fuentes que abordan la crisis de la Iglesia de forma crítica.

Amoris Laetitia

El punto crucial que reveló el rumbo que tomaría el pontificado de Francisco fue la exhortación postsinodal Amoris Laetitia, en la famosa nota al pie de página n.º 351 del octavo capítulo. Cuatro cardenales intentaron dialogar con el papa para hacerle ver ciertas formulaciones de dicha exhortación que parecían contradecir el camino precedente de la Iglesia y pedirle una aclaración al respecto. Lamentablemente, no se les prestó oído y siguieron adelante las fatales consecuencias de este documento.

Actualmente, se está difundiendo la «apertura pastoral» de dar la comunión a personas que viven en una segunda unión íntima sin que se haya constatado la invalidez de su matrimonio y sin que se les exhorte a vivir en abstinencia. Así, surge una praxis en la recepción de la comunión que, bajo el manto de «misericordia», ofende la verdad objetiva de los Mandamientos de Dios y ataca, por tanto, el derecho de Dios. Aunque a nivel teórico no se haya modificado nada, sí ha cambiado en la práctica. De esta manera, se le ha abierto la puerta al error y se han multiplicado los sacrilegios que hieren a la Iglesia.

Con esto, las sirenas de alarma deberían haber sonado ya para los fieles, porque estas nuevas reglamentaciones, que algunas conferencias episcopales y obispos han adaptado, contradicen claramente el camino precedente de la Iglesia y no son, en modo alguno, una iluminación especial del Espíritu Santo ni un desarrollo de la encíclica Familiaris Consortio del papa Juan Pablo II, como se pretende transmitir.

 

La Declaración de Abu Dabi

Con la afirmación errónea de que Dios quiso la diversidad de las religiones, del mismo modo que quiso la diversidad de razas y la diferencia entre hombre y mujer, se están colocando al mismo nivel las otras religiones, que contienen notables errores, y la fe católica. Así, se invierte el mandato misionero del Señor para alcanzar una paz ilusoria. No obstante, la verdadera paz solo podrá existir sobre el fundamento de la verdad.

Con la Declaración de Abu Dabi ha sido restringido el auténtico anuncio del Evangelio, ya que, si se acepta lo que se afirma en dicha declaración, ya no habría razón para anunciar a Jesús como el único Redentor. Aquí nos encontramos ante un evidente engaño que hiere nuevamente el derecho de Dios, quien envió a su único Hijo para la Redención de los hombres (cf. Jn 3,16).

¿Quién estará detrás de todo esto? ¿Puede acaso Dios querer el Islam, que niega la muerte en Cruz de Jesús, del mismo modo que quiere la fe en su Hijo? ¿Hasta qué punto se ha oscurecido el entendimiento creyente y el sensus fidei (el sentido de la fe)?

En este contexto, hay que mencionar otra grave desviación: el 13 de septiembre de 2024, en un encuentro interreligioso con jóvenes en Singapur, el papa Francisco pronunció unas palabras que, hasta entonces, eran impensables para el máximo representante de la Iglesia: todas las religiones serían caminos que conducen hacia Dios y solo constituirían diferentes lenguajes.

¿No es esto suficiente para despertar y preguntarse qué espíritu ha tomado las riendas? ¿Quién mueve los hilos para que se realice un acto público de idolatría en el Vaticano? ¿Quién tiene interés en violar el sacramento del matrimonio y, por ende, la santa comunión y la confesión? ¿Quién está detrás cuando se relativiza el mandato misionero del Señor de llevar el Evangelio a todos los pueblos (cf. Mt 28,19-20)?

¿Puede ser esto obra del Espíritu Santo?_____________________________________________________

 Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/la-importancia-de-la-palabra-de-dios/

 

 

 

Parte VIII: Advertencia de la influencia anticristiana en la Iglesia

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Para complementar las citas de varios jerarcas que escuchamos ayer sobre los tiempos del Anticristo, añadiremos, desde el ámbito profético, un pasaje de las revelaciones de la Virgen María a Don Stefano Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano:

«La bestia con dos cuernos, semejante a un cordero, indica la Masonería infiltrada dentro de la Iglesia; es decir, la masonería Eclesiástica, que se ha difundido sobre todo entre los miembros de la Jerarquía. Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia, ya os ha sido predicha por Mí en Fátima, cuando os anuncié que Satanás se introduciría hasta el vértice de la Iglesia.
Si el objetivo de la masonería es el de conducir a las almas a la perdición, llevándolas al culto de falsas divinidades, el fin de la masonería eclesiástica, en cambio, es el de destruir a Cristo y a su Iglesia, construyendo un nuevo ídolo, es decir, un falso Cristo y una falsa Iglesia.»
(Mensaje del 13 de junio de 1989, Dongo)

«La Iglesia conocerá la hora de su mayor deserción, el hombre malvado se introducirá al interior de ella y se sentará en el mismo Templo de Dios, mientras que el pequeño resto que permanecerá fiel será sometido a las pruebas y persecuciones más grandes» (Mensaje del 13 de mayo de 1990, Fátima).

 «La apostasía será entonces generalizada porque casi todos seguirán al falso Cristo y a la falsa Iglesia. ¡Entonces quedará abierta la puerta para la aparición del Anticristo!» (Mensaje del 17 de junio de 1989, Milán)

 Podríamos citar muchos otros mensajes y declaraciones, como las advertencias de la Virgen en La Salette, las detalladas descripciones de santa Hildegarda de Bingen y otros testimonios fidedignos, como el de Ana Catalina Emmerich. La esencia es siempre la misma: en los últimos tiempos, la Iglesia sufrirá un fuerte ataque y se dividirá en su interior. El espíritu del Anticristo penetrará hasta la jerarquía de la Iglesia, habrá una gran apostasía y muchos cristianos seguirán al Anticristo. Habrá una cooperación entre el Anticristo y una falsa iglesia.

Por tanto, el advenimiento del Anticristo ha sido claramente predicho desde varias fuentes.

Esto es motivo suficiente para observar cuidadosamente dónde se puede detectar ya la influencia del espíritu anticristiano en la presente confusión de la Iglesia.

Lamentablemente, debo decir que, desde mi punto de vista, este espíritu está cada vez más presente en la Iglesia y ejerce una fuerte influencia sobre ella. Lleva tiempo actuando y causando confusión en la teología, la moral, la liturgia, el mandato misionero que el Señor encomendó a la Iglesia, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y muchos otros campos. Este espíritu se esfuerza por mundanizar a la Iglesia, debilita su enfoque trascendente, reduce el evangelio a un mensaje de paz meramente terrenal… ¡La sal se vuelve sosa! (cf. Mt 5,13).

Este breve análisis de la situación, que describe el desastre y que podría detallarse mucho más aún, indica que la Iglesia se encuentra bajo la fuerte influencia de un «espíritu distinto» (cf. 2Cor 11,4), que se disfraza de ángel de luz (cf. 2Cor 11,14) y presenta todos estos cambios como si fueran un avance y un progreso para el cristianismo, adaptándolo a la época actual.

Aunque muchas de las tendencias mencionadas ya se manifestaban durante los pontificados previos al de Francisco, lo hacían en desobediencia. Por tanto, hay una diferencia decisiva. Con Francisco, el máximo representante de la Iglesia y quienes colaboran con él en ese mismo espíritu se han convertido en promotores de la influencia anticristiana en la Iglesia. En este contexto, conviene recordar las palabras del mensaje a Don Gobbi: «Esta infiltración masónica dentro de la Iglesia, ya os ha sido predicha por Mí en Fátima, cuando os anuncié que Satanás se introduciría hasta el vértice de la Iglesia».

Echemos primero un vistazo a un acto público de idolatría casi inconcebible, que tuvo lugar el 4 de octubre de 2019 en los Jardines Vaticanos y en la Basílica de San Pedro.

Este «espíritu distinto» ha logrado lo que parecía impensable: ha aletargado a la mayoría de los obispos, incluido el que ocupa el ministerio petrino, hasta el punto de que se ha podido realizar un culto a la Pachamama en la Sede de la Iglesia Universal sin que se haya suscitado un verdadero grito de indignación. Todo católico —y especialmente los jerarcas— debería saber muy bien que con un acto así no solo se ofende a Dios, como atestigua el Antiguo Testamento en innumerables ocasiones, sino que además se les da libre cabida a los demonios para actuar, mientras Dios se lo permita. Los exorcistas que tengan la valentía de decir la verdad lo confirmarían sin titubear.

El mero hecho de que este acto haya sido posible solo puede explicarse al constatar que la ceguera lleva tiempo propagándose.

Este acto idolátrico muestra hasta qué punto el espíritu luciferino ha ejercido su influencia en los círculos más altos de la Iglesia, llevando incluso a una ofensa pública contra Dios. Los intentos de explicar este suceso diciendo que se trataría de inculturación o cualquier tipo de relativización solo contribuyen a aumentar la confusión.

El obispo auxiliar Athanasius Schneider se ha pronunciado claramente sobre este acontecimiento:

«A la luz de la revelación divina, contenida en la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia y su Magisterio, la cuestión es muy sencilla: hacer ídolos para adorarlos es un pecado muy grave. Postrarse ante los ídolos es idolatría. Ofrecerles dádivas y sacrificios, llevarlos en procesión, sentarlos en un trono, coronarlos y quemarles incienso es un culto idólatra evidente que resulta extremadamente inmoral. Colocarlos en altares o en iglesias consagradas para adorarlos es una verdadera y auténtica profanación» (19 de noviembre de 2019, Fuente: kath.net).

 En la meditación de mañana, seguiremos analizando varios sucesos de los últimos años que ponen de manifiesto la creciente influencia del espíritu anticristiano en la Iglesia.

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 Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/seguir-el-impulso-de-la-gracia-2/

 

 

 

Parte VI: Características del Anticristo

Como su nombre indica, el Anticristo se presentará como un imitador del Redentor, pero tratará de ocultar su profunda aversión y enemistad hacia Cristo. Así pues, podría incluso citar el Evangelio, pero poniendo especial énfasis en aquellos pasajes que se refieren a las necesidades de las personas, para dar la impresión de que actúa movido por la caridad cristiana y presentarse como un defensor de la justicia y la misericordia. En realidad, ofrecerá una especie de «evangelio intramundano», que niega la trascendencia de Dios y la necesidad de Redención del ser humano. Lo que ocultará cuidadosamente será su «misión satánica», que consiste en alcanzar el dominio global y penetrar en el templo de Dios para usurpar su lugar (cf. Mt 24,15). leer más

Parte V: El Anticristo en la novela de Michael O’Brien

Hoy nos detendremos en otro libro que aborda el tema del Anticristo.

Al igual que Robert Benson, Michael O’Brien, un autor que aún vive, desarrolla su relato apocalíptico en forma de novela. El personaje principal de su trilogía es un judío converso que llegó a ser sacerdote católico: el padre Elías.

La historia relata el ascenso de un hombre que ejerce una enorme fuerza de atracción sobre la humanidad. O’Brien menciona algunos antecedentes de su juventud que sugieren que, en el fondo, es una persona verdaderamente cruel, aunque hacia fuera se muestre impecable y virtuoso. En el transcurso de la historia, el padre Elías se entera de que este hombre ha mandado matar a algunos de sus adversarios políticos y de que tiene a su alrededor hombres violentos que ejecutan sus órdenes.

El padre Elías, que antes de su conversión también había iniciado una prometedora carrera política, recibe del Santo Padre el encargo de enfrentarse a este hombre para tratar de salvar su alma y exhortarlo a que se aparte de los caminos de perdición. Tanto el Papa como el padre Elías tienen claro que este poderoso político podría ser el Anticristo.

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