La Cruz: signo de salvación

Fil 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Sólo desde la perspectiva del amor puede comprenderse a profundidad la Cruz de Nuestro Señor. Si no adquirimos esta visión, no podremos entender el verdadero mensaje: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito” (Jn 3,16). Sin el amor, sólo queda ante nuestros ojos la crueldad de la crucifixión. Por muy “justo y necesario” que sea contemplar cada una de las estaciones del Viacrucis, llorar porque el hombre sea capaz de tal crueldad, conmovernos y compadecernos del Señor, permaneciendo simplemente en silencio junto a Él; es importante recordar y profundizar una y otra vez la motivación del Padre y del Hijo en este acontecimiento salvífico: es el amor.

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Toda la plenitud de Dios

 

Meditaremos hoy la lectura del XVI Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

 Ef 3,13-21

 Hermanos míos, por tanto, os ruego que no caigais de ánimo en vista de tantas tribulaciones como sufro por vosotros; pues estas tribulaciones son para vuestra gloria, y prueba de mi apostolado. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, para que, en virtud de su gloriosa riqueza, os conceda fortaleza interior mediante la acción de su Espíritu, y haga que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Y que de este modo, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conozcáis el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. Y que así os llenéis de toda la plenitud de Dios. A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que nosotros podemos pedir o pensar conforme a nuestra capacidad, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén. leer más

Fiesta del santísimo nombre de María: “El dulce nombre de María”

Is 61,9-11

Lectura correspondiente a la Fiesta del santísimo nombre de María

Su descendencia será conocida en las naciones y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los vean reconocerán que son el linaje bendecido por el Señor. Con gozo me gozaré en el Señor, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una diadema, como la novia se adorna con aderezos. Porque, como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así el Señor hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de todas las naciones.

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La emperatriz Santa Pulqueria: una segunda Elena

El Señor es capaz de despertar a los suyos y guiarlos hacia la santidad. Esto no siempre significa retirarse a un monasterio o servir a Dios en una ermita. También puede suceder en una corte imperial, donde la pompa y la opulencia suelen ser la norma. Incluso en este contexto, encontramos una y otra vez personas que, a pesar de todo el lujo que les rodeaba y de la seducción que el poder puede ejercer sobre las personas, se convirtieron en modelos brillantes para muchos. Supieron sustraerse a la atracción de una vida cortesana, a menudo vanidosa y vacía, y en su lugar se pusieron humildemente al servicio del Señor.

Una de estas personalidades destacadas fue la santa Pulqueria, emperatriz del Imperio bizantino. El obispo san Cirilo la describió como «la esposa más casta de Cristo, la joya del mundo, el ornamento de la Iglesia», y los padres del Concilio de Calcedonia la denominaron «guardiana de la fe, promotora de la paz, combatiente de los herejes, la nueva Helena».

Pulqueria era hija del emperador Arcadio. A los nueve años quedó huérfana. Pero Dios, que quería servirse de ella como instrumento para sus santos designios, atrajo hacia sí el corazón de la joven y, desde muy tierna edad, le concedió el don de la sabiduría, el amor a la oración y a la soledad, y una valentía viril.

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San Pedro Claver: apóstol de los esclavos africanos

Si queremos conocer qué clase de obras heroicas puede llevar a cabo una persona impulsada por la gracia de Dios, basta con profundizar en la vida de los santos. Una y otra vez descubriremos que el amor de Dios los hizo capaces de amar de una manera que supera con creces nuestra capacidad humana.

Nos encontramos con un fuego de amor a Dios y al prójimo que sigue ardiendo hasta hoy y que permanece vivo en la memoria de la Iglesia. Aquellas personas que, en su lucha por la santidad, han ardido tanto como el santo que celebramos hoy, siempre están dispuestas a ayudarnos a recorrer nuestro camino de seguimiento de Cristo de la mejor manera posible. Su fervor y su espíritu de sacrificio, que a veces pueden hacernos sentir avergonzados, llaman a la puerta de nuestro corazón y nos llevan a cuestionarnos si estamos dispuestos a imitar lo suficiente al Señor para convertirnos nosotros mismos en testigos de su amor inefable, cada uno según la vocación que Dios le ha confiado.

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Fiesta de la Natividad de María: “Elegida por Dios”

Mt 1,18-23 

El origen de Jesucristo fue de la siguiente manera. Su madre, María, estaba desposada con José; pero, antes de empezar a estar juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa ‘Dios con nosotros’.”

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La curación de un hombre en sábado

Lc 6,6-11

En aquel tiempo, entró Jesús en la sinagoga un sábado y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El se levantó y se puso allí. Luego les dijo: “Quiero preguntaros: ¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?”. Entonces, dirigiendo la mirada a todos, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.

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Una vida según el Espíritu

Meditaremos hoy la lectura del XV Domingo después de Pentecostés, según el calendario tradicional.

Gal 5,25-26; 6,1-10

Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu. No seamos ambiciosos de vanagloria, provocándonos unos a otros, envidiándonos recíprocamente. Hermanos, si a alguien se le sorprendiera en alguna falta, vosotros, que sois espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, fijándote en ti mismo, no vaya a ser que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí mismo. Que cada uno examine su propia conducta, y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que llevar su propia carga. Que el discípulo comparta toda clase de bienes con el que le instruye. No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá: el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción; y el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto. Por tanto, mientras disponemos de tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe.

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No ir más allá de lo escrito

1Cor 4,6b-15

Me he puesto como ejemplo a mí y a Apolo, en orden a vosotros; para que aprendáis de nosotros aquello de «No ir más allá de lo que está escrito» y para que nadie se engría en favor de uno contra otro. Pues ¿quién es el que te distingue? ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido? ¡Ya estáis hartos! ¡Ya sois ricos! ¡Os habéis hecho reyes sin nosotros! ¡Y ojalá reinaseis, para que también nosotros reináramos con vosotros! Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes.

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