“Algunos aspectos sobre la pobreza voluntaria”

Hoy quiero concluir esta pequeña serie en la que hemos abordado algunos aspectos sobre los tres consejos evangélicos y su aplicación por parte de los discípulos del Señor que viven en el mundo. En lo que respecta al tercero de ellos, no es tan sencillo aplicarlo en el mundo, ya que la pobreza voluntaria por causa del Señor puede adoptar rasgos muy radicales, como vemos tanto en el Nuevo Testamento como en muchos ejemplos a lo largo de la historia de la Iglesia.

Basta con pensar en la comunidad de bienes de la Iglesia primitiva, tal y como nos la presenta el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 2,44-45). También podemos recordar a los ermitaños y a tantas comunidades monásticas que hicieron realidad este ideal, abandonándolo todo para seguir a Cristo y donando sus posesiones a los pobres. Hasta el día de hoy, este sigue siendo un llamado inmensamente valioso. ¡Ojalá Dios conceda que muchos respondan a él y que sigan habiendo comunidades que lo hagan realidad!

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REFLEXIÓN SOBRE LA OBEDIENCIA: “Un camino regio para seguir a Cristo”  

Tras haber dedicado dos meditaciones previas a reflexionar sobre el consejo evangélico de la castidad, me gustaría abordar hoy algunos aspectos generales de la obediencia espiritual, tan importante para todos en la imitación de Cristo. Espero que esta reflexión ayude a apreciar un poco más la obediencia espiritual.

La palabra latina oboedire, de la que se deriva «obedecer», incluye el verbo audire, que significa «escuchar». Por tanto, la obediencia se relaciona con una escucha atenta, es decir, con oír correctamente, prestando toda nuestra atención a quien nos habla.

Cuando Dios comunicó sus mandamientos al Pueblo de Israel por medio de Moisés, empezó diciendo: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor» (Dt 6,4).

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Santos Faustino y Jovita, mártires

Hb 10,32-38

Acordaos de los días primeros, cuando, recién iluminados, tuvisteis que sostener una lucha grande y dolorosa: unas veces sometidos públicamente a calumnias y vejaciones, otras estrechamente unidos a los que así eran tratados, porque compartisteis los sufrimientos de los encarcelados y recibisteis con alegría el robo de vuestros bienes, sabiendo que poseéis un patrimonio mejor y más duradero. No perdáis, por tanto, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa: porque necesitáis paciencia para conseguir los bienes prometidos cumpliendo la voluntad de Dios. En efecto, todavía un poco de tiempo, muy poco, y el que va a venir llegará y no tardará; pero mi justo vivirá de fe; y si se volviera atrás, mi alma no se complacerá en él.

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REFLEXIÓN SOBRE LA CASTIDAD: “La castidad: guardiana de la belleza del alma”  

Retomamos hoy las reflexiones sobre la virtud de la castidad que iniciamos ayer.

En una época marcada por la constante estimulación de la sensualidad, se debe prestar la máxima atención para proteger esta virtud. Esto se aplica tanto a las provocaciones que vienen del exterior como a las que surgen en nuestro interior.

La Sagrada Escritura nos recuerda que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo:

«Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1Cor 6,18-20).

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San Fulcran de Lodève: Amante de la castidad

En la Iglesia católica existen innumerables santos, a los que se honra de manera especial en el día de su festividad. Como mencioné hace algún tiempo, me he propuesto presentaros a algunos santos poco conocidos. El santo de hoy, Fulcran de Lodève, provenía de una familia de la nobleza francesa y fue consagrado obispo de Lodève el 4 de febrero de 949.

Ejerció el ministerio episcopal durante 57 años, dedicándose enteramente a la santificación de su rebaño. Combatió el vicio, erradicó los abusos y estableció una vida cristiana dichosa por doquier. Su amor universal le mostraba una y otra vez los medios para atender las necesidades de los enfermos y los pobres de su diócesis. Movido por su profundo aprecio hacia los consagrados, fundó el monasterio de San Salvador, restauró otros ya existentes e introdujo la disciplina y el orden en todas las comunidades religiosas. También otorgó grandes beneficios a las iglesias y hospitales. Mediante los milagros que obró en la tumba de su fiel servidor, Dios confirmó lo que ya se creía sobre su santidad. En torno al año 1127, exhumaron el cuerpo de san Fulcran, que permaneció incorrupto hasta 1572, cuando los hugonotes lo arrojaron al fuego.

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Advertencia para las relaciones humanas

1Re 11,4-13

Siendo ya anciano, las mujeres de Salomón desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no perteneció por entero a Yahvé su Dios, como el corazón de David, su padre. Salomón marchaba tras Astarté, diosa de los sidonios, y tras Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo que Yahvé reprobaba, y no se mantuvo del todo al lado de Yahvé, como David su padre. Por entonces Salomón edificó un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y a Milcón, abominación de los amonitas. Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses. Yahvé se enojó contra Salomón por haber desviado su corazón de Yahvé, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había dado instrucciones para que no marchara en pos de otros dioses. Pero no hizo caso de lo que Yahvé le había ordenado. Yahvé dijo a Salomón: “Por haber actuado así y no haber guardado mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré a un funcionario tuyo. Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David tu padre. Lo arrancaré de mano de tu hijo. Tampoco arrancaré todo el reino; daré una tribu a tu hijo, en atención a David, mi siervo, y a Jerusalén, que he elegido.”

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Memoria de Nuestra Señora de Lourdes: “Una gran señal apareció en el cielo”  

Ap 11,19;12,1.10

Se abrió el templo de Dios en el cielo y en el Templo apareció el arca de su alianza; y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un fuerte granizo. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía: ‘Ahora ha llegado la salvación, la fuerza, el Reino de nuestro Dios, y el poderío de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

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Memoria de Santa Escolástica: “El primado de la contemplación”  

Lc 10,38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un pueblo, donde una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.” Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.”

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Memoria de San Cirilo de Alejandría: “Sal de la tierra y luz del mundo”  

NOTA: En el calendario litúrgico tradicional, se celebra hoy la fiesta de San Cirilo de Alejandría. En su honor se lee el siguiente evangelio, sobre el que meditaremos hoy.

Mt 5,13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que está en los cielos.”

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El fruto de la Palabra de Dios

NOTA: Siguiendo el calendario litúrgico tradicional, hoy es el así llamado “Domingo de Sexagésima”, en preparación para el pronto inicio de la Cuaresma. Meditaremos el Evangelio que la Iglesia ha dispuesto para esta ocasión. Quien prefiera escuchar una meditación sobre la lectura o el Evangelio de acuerdo al nuevo calendario litúrgico, puede encontrar los respectivos enlaces al final del texto.

Lc 8,4-15

En aquel tiempo, reuniéndose una gran muchedumbre que de todas las ciudades acudía a Jesús, les dijo esta parábola: “Salió el sembrador a sembrar su semilla; y al echar la semilla, parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y se la comieron las aves del cielo. Parte cayó sobre piedras, y cuando nació se secó por falta de humedad. Otra parte cayó en medio de las espinas, y habiendo crecido con ella las espinas la ahogaron. Y otra cayó en la tierra buena, y cuando nació dio fruto al ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “El que tenga oídos para oír, que oiga.”

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