Ya hemos atravesado más de la mitad de nuestro itinerario cuaresmal y nos acercamos cada vez más a la Semana Santa. El cuarto domingo de Cuaresma es un domingo de alegría (Laetare, en latín). El sacerdote puede utilizar paramentos color rosa para destacar el carácter alegre de este día.
El evangelio de hoy (Jn 6, 1-15) nos presenta la conocida historia de la multiplicación milagrosa de los panes y los peces. La multitud había escuchado la predicación de Jesús y, al final, Él quiso alimentarlos y mostrarles la providencia y la gloria de Dios mediante este signo. Así sucedió, y no solo se saciaron todos, sino que además sobraron doce cestos. El Evangelio testifica que eran cinco mil hombres (v. 10).
Este milagro fue motivo para que la gente alabara a Jesús como el profeta esperado: «Este es verdaderamente el Profeta que viene al mundo» (v. 14). Sin embargo, sacaron una conclusión errónea, como sugiere la Escritura: «Jesús, conociendo que estaban dispuestos a llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo» (v. 15).
