La prioridad del Apóstol

Fil 1,12-18

Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han ocurrido han servido para difundir más el Evangelio, de modo que, ante todo el pretorio y ante todos los demás, ha quedado patente que me encuentro encadenado por Cristo, y así la mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se han atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios. Algunos, en efecto, predican a Cristo por envidia y rivalidad, otros en cambio con buena voluntad; éstos, ciertamente, por caridad, sabiendo que he sido constituido para defensa del Evangelio; aquéllos, sin embargo, anuncian a Cristo por rivalidad, de modo no sincero, pensando aumentar la aflicción de mis cadenas. Pero ¡qué importa! Con tal de que en cualquier caso -por hipocresía o sinceramente- se anuncie a Cristo, yo con eso me alegro; aún más, me seguiré alegrando.

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CARTA A LOS FILIPENSES: “Introducción”          

Tras la serie sobre Santa Juana de Arco, seguida de dos meditaciones alusivas a las respectivas fiestas litúrgicas de los dos últimos días, me gustaría volver a meditar sistemáticamente otro libro del Nuevo Testamento. En esta ocasión, será la Epístola a los Filipenses. Su autor es san Pablo, nuestro querido apóstol, a quien tanto debemos en lo que respecta a la difusión del Evangelio. Fue un obrero incansable en la viña del Señor y, como él mismo atestigua, trabajó más que los demás apóstoles (1Cor 15,10).

Desde mi conversión, tengo un afecto especial por este gran apóstol. Son muchos los aspectos que me impresionan profundamente de él y por los que le estoy muy agradecido. En primer lugar, destaca su extraordinaria conversión (Hch 9,1-9), pasando de ser perseguidor de Cristo a pregonero de su mensaje de salvación. También me conmueve la radicalidad con la que sometió toda su vida a la obediencia a Cristo. Además, es un gran ejemplo a seguir por la perseverancia que mostró en la predicación del Evangelio y en la edificación de las primeras comunidades cristianas. Sabemos por su propia boca cuántas pesadas cargas tuvo que soportar (2Cor 11,23-27), y nos conmueve la magnitud de su amor al Señor para soportar todas esas tribulaciones sin rendirse.

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: “El amor de Jesús”          

Mt 11,25-30

Por aquel entonces, tomó Jesús la palabra y dijo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión. Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni al Padre le conoce nadie, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.”

Hoy la Iglesia quiere mostrarnos de forma particular el amor de nuestro Redentor. La veneración del Sagrado Corazón de Jesús, cuya Fiesta Litúrgica celebramos hoy, se difundió en la Iglesia a través de una revelación privada. Jesús se apareció a Santa Margarita María Alacoque y le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres”.

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“EL VERDADERO DESCANSO”

«Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).

¡Cuán veraces son estas palabras del Señor!

«Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», exclama san Agustín. Nuestra alma busca a Dios, aunque quizá no sea consciente de ello. Las cosas terrenales no pueden saciarla, pues no están destinadas a darle la plenitud, sino que son solo un regalo adicional de nuestro amoroso Padre.

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Fiesta de San Bernabé, Apóstol: “Fidelidad al Señor y a su Iglesia”  

Hch 11,21b-26.13,1-3

En aquellos días, muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud se adhirió al Señor. Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo,
y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”. En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado”. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
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En honor a Santa Juana de Arco: “Reflexión final”  

Me alegro por y con cada uno de los oyentes que han seguido esta serie de doce meditaciones sobre la Doncella de Orléans. No es la primera vez que escribo sobre ella y, si Dios quiere, tampoco será la última. De hecho, cada vez que relato su historia es como si fuera la primera vez. Sin duda, esto se debe a que Juana de Arco es una mujer de fe que llevó a cabo una misión encomendada por Dios. Por ella, ¡nunca se terminará de agotar! Invito a todos mis oyentes a consultar mis publicaciones previas sobre ella y a escuchar la radionovela que creamos en su honor: https://www.youtube.com/watch?v=dE3SJZIdmJs

El título de esta serie –“En honor a Santa Juana de Arco”– deja clara mi intención: honrar a la Doncella, que sufrió la deshonra y la terrible muerte en la hoguera por defender su misión. Por desgracia, a menudo se ha malinterpretado su figura y no se ha tenido en cuenta que la gloria corresponde en primer lugar a Dios, quien intervino en la historia de Francia a través de ella y llevó a cabo esta obra con su cooperación. Si lo olvidamos o lo dejamos en un segundo plano, entonces no habremos entendido lo esencial y permaneceremos atrapados en la dimensión meramente humana al reflexionar sobre los acontecimientos relacionados con Juana de Arco.

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