Hoy nos detendremos en otro libro que aborda el tema del Anticristo.
Al igual que Robert Benson, Michael O’Brien, un autor que aún vive, desarrolla su relato apocalíptico en forma de novela. El personaje principal de su trilogía es un judío converso que llegó a ser sacerdote católico: el padre Elías.
La historia relata el ascenso de un hombre que ejerce una enorme fuerza de atracción sobre la humanidad. O’Brien menciona algunos antecedentes de su juventud que sugieren que, en el fondo, es una persona verdaderamente cruel, aunque hacia fuera se muestre impecable y virtuoso. En el transcurso de la historia, el padre Elías se entera de que este hombre ha mandado matar a algunos de sus adversarios políticos y de que tiene a su alrededor hombres violentos que ejecutan sus órdenes.
El padre Elías, que antes de su conversión también había iniciado una prometedora carrera política, recibe del Santo Padre el encargo de enfrentarse a este hombre para tratar de salvar su alma y exhortarlo a que se aparte de los caminos de perdición. Tanto el Papa como el padre Elías tienen claro que este poderoso político podría ser el Anticristo.
El presunto Anticristo, por su parte, trata de ganarse al padre Elías y a otros clérigos de alto rango para sus fines. El libro describe que algunos obispos y cardenales apoyan las iniciativas del Anticristo. Son los mismos que desearían que la Iglesia adoptara una línea más progresista.
En un momento dado, se produce el encuentro decisivo entre el padre Elías y el presunto Anticristo, y el sacerdote lo exorciza para darle una vez más la oportunidad de convertirse a Jesucristo. Sin embargo, el transcurso de la historia muestra que el Anticristo no se convierte, sino que lleva adelante lo que considera su «misión». Esta consiste en establecer un gobierno mundial en el que él mismo ocupa el lugar central como una especie de «pacificador». Al igual que en la novela de Robert Benson y otras publicaciones, el Anticristo aparece aquí como un mensajero de paz que engaña a las personas con esta faceta aparentemente positiva.
El final del tercer libro describe cómo el padre Elías, que para entonces ha sido ordenado obispo, se dirige a Jerusalén junto a uno de sus hermanos para enfrentarse una vez más al Anticristo. Este se presenta públicamente en el Muro de las Lamentaciones. Unas cuantas voces se alzan para señalarlo como enemigo de Dios, Anticristo y Falso Profeta. Sin embargo, la gran mayoría de la muchedumbre está embelesada por él. Las voces que se le oponen son silenciadas y aniquiladas. Ese es también el final que sufre el padre Elías.
La literatura que trata sobre el Anticristo es mucho más amplia, pero, en el marco de esta serie, me parece suficiente con los tres libros que hemos sintetizado.
Antes de pasar a señalar algunas de las características del Anticristo en la meditación de mañana, quisiera citar un pasaje del teólogo dogmático Franz Diekamp, que se basa en los principios de Santo Tomás de Aquino. Escribe lo siguiente sobre el Anticristo:
«El Anticristo aparecerá como el “hombre de la iniquidad”, el “hijo de la perdición”, el “adversario”…
Al final de los tiempos, el espíritu hostil al cristianismo, el espíritu de impiedad, tomará cuerpo en una persona humana concreta, que luchará con terrible crueldad contra la Iglesia. Este Anticristo tiene sus precursores en todos aquellos que se dirigen llenos de odio contra Cristo y contra su Reino, y que, por tanto, también pueden llamarse “anticristos”. Pero el “último Anticristo” los superará a todos ellos y sintetizará todas sus pretensiones en su rebelión contra Dios y contra su Ungido, lo que lo lleva a “auto-divinizarse”.»
Según Diekamp —y, en mi opinión, se trata de un punto esencial—, ni la interpretación colectivista (que afirma que el Anticristo no sería una persona concreta, sino la suma de los enemigos de Cristo de todos los tiempos) ni la interpretación meramente histórica (que identifica al Anticristo con personajes como Nerón o Calígula) corresponden plenamente a la realidad.
Por tanto, debemos contar con la manifestación de una persona concreta que, al final de los tiempos, antes de la Segunda Venida de Cristo, ejercerá su dominio dictatorial durante un tiempo, que atentará contra todos los hombres y especialmente contra aquellos que permanezcan fieles al Señor.
El Anticristo, también llamado «hijo de la perdición» (cf. 2Tes 2,3), se presentará como soberano universal. Mientras que los otros «anticristos» que han existido a lo largo de la historia —como los dictadores del siglo pasado— manifestaron rápidamente su crueldad, el Anticristo suele describirse como un mensajero de paz, dotado de un extraordinario carisma y de los correspondientes poderes políticos para llevar a cabo sus planes. Aparecerá en un momento en que la humanidad atraviese una gran necesidad, en una época en la que el desarrollo permita ejercer un dominio global. Hacia fuera se presentará como un hombre virtuoso y espiritual, pero en el fondo su inspiración tendrá origen demoníaco.
Mañana profundizaremos en las características del Anticristo.
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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/la-respuesta-correcta-2/
