“DIOS ATRAVIESA AL DRAGÓN”

«¿No eres tú el que partió a Rahab, el que atravesó al Dragón?» (Is 51,9).

Amado Padre, no siempre nos resulta fácil comprender por qué existe el mal, por qué hay tanta destrucción, sufrimiento inconmensurable, guerras sin sentido y espíritus malignos que viven en rebelión contra ti. Han abandonado la comunión contigo y ahora quieren arrastrarnos a nosotros, los hombres, al abismo de su perdición.

No fue así como Tú lo quisiste desde el principio, pues llamaste a la existencia a todas las criaturas para que, viviendo en comunión contigo y entre ellas, revelaran tu gloria. Nosotros, los hombres, hemos caído profundamente e incluso podemos incurrir en enemistad contigo. ¡Qué tragedia, amado Padre!

Pero comprendemos que, a pesar de todo, nos has creado por amor. El mundo animal y vegetal no puede vivir en comunión contigo como nosotros. A nosotros nos has dado la libertad para responder a tu amor. Sin embargo, también podemos negarte esa respuesta y pasar de largo ante el verdadero sentido de nuestra existencia.

Eso es lo que sucedió con Lucifer: otrora un espléndido ángel de luz, cayó al abismo más profundo. En lugar de admirarlo como un ángel luminoso, ahora tenemos que verlo como un dragón que contamina el mundo con el aliento venenoso de sus mentiras y engaños.

Tú, que llamaste a san Jorge para que, en la fuerza de tu Hijo, se enfrentara al poder perverso de Satanás y lo encadenara, nos haces saber a través del profeta Isaías que también fuiste Tú quien partió al monstruo marino Rahab y atravesó al Dragón, derrotando así a los dioses de Egipto.

Por tanto, amado Padre, podemos depositar en ti nuestra confianza cuando el diablo emprende la guerra contra los tuyos y nuestras fuerzas humanas se ven superadas con creces. Tú intervendrás y siempre quebrantarás el poder de tus enemigos. ¡Alabado seas!