La Iglesia: Maestra de las naciones

A nivel litúrgico, seguimos en el tiempo en el que el Señor Resucitado se manifiesta una y otra vez a sus discípulos para fortalecer su fe en la Resurrección y prepararlos para la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Podemos considerar el acontecimiento de Pentecostés como el día de fundación de la Iglesia, que, según nos enseña la fe, es el Cuerpo Místico de Cristo, edificada sobre el fundamento de los profetas y los apóstoles (Ef 2,20). La Iglesia es el «nuevo Israel» que ha creído en el Mesías prometido, que vino a redimir a su pueblo. Todos aquellos que reconocieron el tiempo de la salvación y aprovecharon la hora de la gracia se pusieron al servicio del Redentor y se convirtieron así en testigos de Cristo.

A partir de hoy nos quedan treinta días para llegar a la Solemnidad de Pentecostés y, durante este tiempo, me gustaría insertar algunas reflexiones sobre la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, conformada por judíos y gentiles, y que, a lo largo de los siglos, ha sido llamada a llevar la gracia de la Redención de Cristo a los hombres como «Maestra de las naciones».

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“DIOS ATRAVIESA AL DRAGÓN”

«¿No eres tú el que partió a Rahab, el que atravesó al Dragón?» (Is 51,9).

Amado Padre, no siempre nos resulta fácil comprender por qué existe el mal, por qué hay tanta destrucción, sufrimiento inconmensurable, guerras sin sentido y espíritus malignos que viven en rebelión contra ti. Han abandonado la comunión contigo y ahora quieren arrastrarnos a nosotros, los hombres, al abismo de su perdición.

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“¡SIGUE ADELANTE!”

«Sigue adelante, examínalo todo a mi luz y continúa» (Palabra interior).

Nuestro Padre quiere que recorramos conscientemente el camino hacia la eternidad, creciendo en la fe, la esperanza y la caridad. Para ello, nos brinda muchas oportunidades cada día. Si lo comprendemos y lo ponemos en práctica, muchas cosas cambian en nuestra vida. La eternidad deja de ser una meta lejana e indefinida en la que pensamos poco o nada. Todo lo contrario: cuanto más conscientes nos volvemos de lo que nos espera y más comienza a anhelarlo nuestro corazón, más la eternidad impregnará nuestra realidad cotidiana. Nos enseñará a afrontar con mayor esmero y atención la tarea que se nos ha encomendado. Así, nos volveremos más prudentes y decididos, y dejaremos atrás con mayor facilidad aquellas cosas que, en realidad, no son tan importantes para centrarnos en lo que verdaderamente cuenta.

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Aplicación actual de la historia de San Jorge

En la meditación de ayer, conocimos la historia de san Jorge basándonos en la Leyenda Dorada. Con la fuerza de Cristo, logró salvar a la princesa que iba a ser sacrificada al dragón. A raíz de ello, la población pagana de aquella ciudad se convirtió a la fe cristiana. La meditación concluyó con el siguiente planteamiento:

«Esta historia nos lleva a cuestionarnos qué está sucediendo hoy en día en este mundo que se aleja cada vez más de Cristo: ¿será que el dragón está volviendo a ejercer su dominio sobre la humanidad de diversas maneras?»

En la meditación de hoy, conviene que nos detengamos en esta cuestión. Quien tenga ojos para ver, no podrá pasar por alto el hecho de que, en la actualidad, el mundo se halla bajo una fuerte influencia del mal y, por tanto, está sometido al dominio del dragón. En la historia de San Jorge, este dominio fue quebrantado por la fuerza de Cristo.

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San Jorge: el vencedor del dragón y mártir

Probablemente, hay pocos santos tan conocidos y rodeados de tantas historias y leyendas como san Jorge, cuya fiesta se conmemora hoy en la Santa Misa. Por lo general, se le representa como el matador del dragón y es muy venerado en todo el mundo cristiano, tanto en Oriente como en Occidente. En torno a la matanza del dragón surgió la siguiente historia, que citaré de forma resumida de la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine:

El caballero Jorge, del linaje de los capadocios, llegó un día a la ciudad de Silca, en la tierra de Libia. Cerca de la ciudad había un enorme lago en el que habitaba un dragón venenoso que, en más de una ocasión, había obligado a todo el pueblo a huir cuando intentaba enfrentarse a él armado. Entonces se acercaba a las murallas de la ciudad y lo contaminaba todo con su aliento venenoso. Los habitantes de la ciudad, que aún eran paganos, le sacrificaban dos ovejas cada día. A medida que el número de ovejas iba disminuyendo, la población se vio obligada a sacrificar a sus propios habitantes, elegidos por sorteo. Así, le llegó también el turno a la hija del rey. Su padre, aunque profundamente dolido, no logró salvarla, pues el pueblo amenazaba con quemarlo a él y a su casa si no acataba la ley que él mismo había promulgado.

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 “EN LA ESCUELA DE LA ENFERMEDAD”

«Mucho se aprende en la enfermedad, siempre y cuando uno está dispuesto» (San Conrado de Parzham).

Los padres de la vida espiritual —entre quienes sin duda se puede contar al santo hermano Conrado— nos muestran una y otra vez cómo podemos avanzar en nuestro camino hacia Dios. Cuando Dios permite que nos sobrevenga una cruz —y una enfermedad es una de ellas—, se nos presenta, como personas creyentes, una oportunidad para crecer y madurar. Además de poder aprovecharla en el sentido de la expiación, especialmente por tantas ofensas cometidas contra Dios y contra los hombres, nuestro Padre quiere enseñarnos algo importante a través de la enfermedad.

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Relación confiada con Dios ­– Reflexiones sobre San Conrado

Sin duda, nos maravillamos ante el testimonio de San Conrado, cuya vida fue tan fecunda en el humilde y agotador servicio de fraile portero, que desempeñó durante cuarenta y un años, hasta tres días antes de su muerte. A través de fray Conrado, los peregrinos que llegaban al santuario de Altötting podían experimentar la presencia de Dios de una forma muy cercana. Él mismo nos reveló algo del «secreto» de su amor, que lo mantenía tan íntimamente unido al Señor.

Por un lado, hemos de admirar una vida así y alabar al Señor por la obra que realizó en él y a través de él. Por otro lado, también debemos agradecer al santo por haber seguido tan atentamente la guía de nuestro Padre celestial y por haberle servido incansablemente a Él y a los hombres. También conviene pedir su intercesión para nuestro propio camino de seguimiento de Cristo. Pero podemos ir un paso más allá y preguntarnos: ¿cómo podemos sacar el mayor provecho posible de la vida de este santo?

Se trata de que también nosotros encontremos la fuente de la que el hermano Conrado bebió en abundancia, de modo que brotaron de su interior ríos de agua viva hacia el mundo (cf. Jn 7,38). Con su habitual sencillez y bondad, nuestro santo nos mostró cómo deberíamos vivir:

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San Conrado de Parzham: apóstol de la santidad

Tras las meditaciones sobre la Resurrección del Señor y las realidades últimas del hombre, me gustaría retomar algo que empecé el año pasado: tratar con frecuencia la vida de los santos del día. No necesariamente serán siempre los santos cuya memoria se celebra en la liturgia del día, sino que también hablaré de aquellos que quizá sean menos conocidos o que solo se veneran a nivel local, pero que también figuran en los santorales.

Todos los santos son verdaderos testigos del Evangelio, tanto si realizaron obras extraordinarias a la vista de todos como si su amor a Dios floreció más bien en lo oculto. Son un don inestimable para la Iglesia y, por tanto, para toda la humanidad. Solo Dios sabe cuántas gracias se han derramado sobre la humanidad gracias a sus vidas.

Hoy pondremos nuestra mirada en san Conrado de Parzham, un santo alemán de quien procede esta memorable afirmación:

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