«Los hombres creen que yo soy ese Dios terrible que precipita a toda la humanidad al infierno. ¡Cuánto se sorprenderán al final de los tiempos, cuando vean a tantas almas que creían perdidas, gozando de la felicidad eterna en medio de los elegidos» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Showing all posts dated abril 19, 2026
“El infierno”
Una reflexión sobre las «postrimerías» —las realidades últimas del hombre— quedaría incompleta si no abordáramos también la posibilidad de que el ser humano fracase en su camino. Tanto la Sagrada Escritura como la Tradición de la Iglesia dan testimonio inequívoco de la existencia del infierno.
Es cierto que puede resultar aterrador hablar de ello, pero eso no justifica que se omita esta dimensión de nuestra fe. De hecho, también puede existir un «susto» provechoso que nos sacuda. San Juan Crisóstomo hizo hincapié en la importancia de esta doctrina y destacó cuán esencial es tenerla presente:
«En verdad, si pensáramos siempre en el castigo del infierno, no caeríamos tan fácilmente en él. Por eso Dios nos ha amenazado con el castigo del infierno: si su consideración no tuviera algo salvífico, no lo habría hecho. Puesto que el recuerdo de los castigos del infierno produce efectos tan positivos, Dios nos ha brindado la amenaza como un remedio sanador […]. Un alma que teme al infierno no caerá fácilmente en el pecado […]. El temor que habita en el corazón expulsa de él todo lo pecaminoso» (San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la Segunda Carta a los Tesalonicenses, 2,3).
Hasta aquí las palabras de san Juan Crisóstomo, que destacan especialmente la función pedagógica de la doctrina del infierno.
