«Si respondes a los planes de Dios, Él hará de ti un santo» (San Pablo de la Cruz).
Así que, en realidad, no es tan difícil, amado Padre, como nos dice san Pablo de la Cruz. Sin duda, él lo experimentó en carne propia.
«Si respondes a los planes de Dios, Él hará de ti un santo» (San Pablo de la Cruz).
Así que, en realidad, no es tan difícil, amado Padre, como nos dice san Pablo de la Cruz. Sin duda, él lo experimentó en carne propia.
En las dos últimas meditaciones ya abordamos el tema de la resurrección corporal y pudimos constatar cuán maravilloso es el futuro que Dios ha previsto para nosotros. Los cuerpos resucitados ya no estarán sujetos a la corrupción. Tanto el alma como el cuerpo de los fieles, una vez que el Señor los haya vuelto a unir al final de los tiempos, podrán gozar para siempre de la visión beatífica de Dios.
Nuestro cuerpo resucitado poseerá cuatro gloriosas cualidades, tal y como nos enseña el Catecismo Romano de san Pío V:
«Los cuerpos resucitados de los santos tendrán ciertas propiedades maravillosas, que los harán inmensamente más nobles y espléndidos que fueron antes de la resurrección. Los Padres, apoyándose en la doctrina de San Pablo, señalaron cuatro, llamadas dotes: