«Precisamente en esto consiste la vida dichosa: alegrarse con vistas a ti, en ti y por ti» (San Agustín).
¡San Agustín tiene razón! Esta vida dichosa ya se anticipa aquí en la Tierra, amado Padre. En cuanto nos despertamos y nos sacudimos el sueño, tu gracia ya está con nosotros, moviéndonos a dedicarte nuestros primeros pensamientos y palabras. Durante toda la noche has velado sobre nosotros por medio de tu ángel. Y el nuevo día que amanece nos espera con su tarea.

