«Acabará para siempre con la muerte. Enjugará el Señor Dios las lágrimas de todos los rostros» (Is 25,8).
Amado Padre, se acerca el día en que, a través de tu Iglesia, nos recuerdas la gran obra que has realizado por medio de tu Hijo. Allí, en el Calvario, acabaste para siempre con la muerte. Así, has enjugado las lágrimas de todos los rostros, porque todos los hombres pueden alcanzar la vida eterna si creen en tu Hijo y reconocen tu amor manifestado en Él.
