«Arrojémonos al mar de su bondad, donde toda debilidad queda borrada y todo temor se transforma en amor» (San Pablo de la Cruz).
En el Mensaje de Dios Padre a sor Eugenia Ravasio encontramos palabras similares que nos invitan a arrojarnos al mar de la misericordia divina. Allí seremos purificados y fortalecidos para continuar nuestro camino.
