“LA GUÍA PACIENTE DE DIOS”

«Siempre debe ser mi guía la que ordene todo según la sabiduría» (Palabra interior).

A través de sus mandamientos y santas palabras, así como de las circunstancias de vida en las que nos ha colocado, nuestro divino Padre no solo nos ofrece una orientación general sobre cómo debemos vivir, sino que también quiere asumir concretamente las riendas de nuestra vida. Nos resultará fácil comprenderlo si tenemos presente que el Padre conoce nuestra vida en su totalidad y que, desde el principio, le ha dado un sentido y una misión específicos. En la Carta a los Efesios, san Pablo afirma: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer las obras buenas que Dios había preparado para que las practicáramos» (Ef 2,10).

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El Espíritu Santo: la clave para permanecer firmes

Lc 12,8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os digo que si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará a su favor ante los ángeles de Dios. Pero si alguien me niega delante de los hombres, también será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.”

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