“TODO ESTÁ EN LAS MANOS DE DIOS”

«¿Qué puede hacer un león si yo lo someto? No puede hacer nada sin mi voluntad. Todo está en mis manos. ¡Solo tienes que fijar tu mirada en mí!» (Palabra interior).

La Sagrada Escritura compara al diablo con un león rugiente que ronda buscando a quién devorar, y nos exhorta a estar vigilantes frente a él (1Pe 5,8).

¿En qué consiste esta vigilancia? La última parte de la frase de hoy nos lo revela: se trata de mantener la mirada puesta en el Padre. El enemigo pretende desviar nuestra mirada de Él e infundirnos terror para que quedemos paralizados por el miedo.

De ciertas tribus indígenas se conoce el «grito de guerra», que proferían para aterrorizar al enemigo hasta la médula y paralizarlo.

En todos los ataques y dificultades que experimentamos en nuestro camino de fe, se nos ha concedido una ayuda invaluable. Tenemos la certeza de que todo está en manos de nuestro Padre y de que incluso el demonio y sus secuaces, que un día fueron ángeles de luz, solo pueden llegar hasta donde Dios lo permite. Todos ellos son criaturas y, por tanto, no poseen la omnipotencia divina.

Así pues, ¿qué puede hacer un león si Dios lo somete? ¡Es un animal que depende del Señor! ¿Qué es el diablo? Es una criatura espiritual que ni siquiera existiría sin Dios y que fue derrotada para siempre en la Cruz.

Al fijar la mirada en nuestro Padre, aprendemos a comprender las situaciones desde su perspectiva. Así recibimos la fuerza para afrontarlas. Tanto los poderes de las tinieblas como todas las circunstancias amenazantes son, por así decirlo, derrocados del trono que pretenden ocupar cuando nos mantienen atrapados en el miedo.

En realidad, quien se sienta en el trono es nuestro Padre celestial, que protege a los suyos cuando estos ponen su mirada en Él.