«Deseo que, en mí, te sientas en casa, como en una familia que te quiere mucho y en la que siempre te sientes aceptado» (Palabra interior).
Si los hombres lo supieran, muchas cosas podrían cambiar en sus vidas. Incluso si hemos tenido la gracia de crecer en una buena familia, la certeza que nos transmite la frase de hoy puede ampliar aún más nuestra perspectiva, y podremos decir: «Si YA fue una gran dicha crecer en una buena familia, ¡cuánto más maravillosa debe de ser entonces la familia celestial, de la que procede todo lo bueno que nos ha sucedido!». Con esta perspectiva, incluso se puede estar dispuesto a dejar atrás la familia natural para seguir la llamada del Rey que busca la belleza del alma (cf. Sal 45,12).
Para quienes no tuvieron la gracia de crecer en una buena familia o solo de forma muy limitada, la frase de hoy se convierte en un gran consuelo. También nos ayudará a no esperar de nuestra familia natural algo que esta nunca podrá darnos. Además, impedirá que permanezcamos en una actitud de acusación contra las circunstancias de la vida y nos volverá más indulgentes con la imperfección de nuestros propios padres.
Se trata de encontrar nuestro verdadero hogar en Dios y junto a aquellos que le pertenecen. Ese es el deseo de nuestro Padre. Quiere que recorramos nuestro camino por este mundo con la seguridad de su amor. El amor divino podrá suplir con creces lo que quizá nos faltó en cuanto a cobijo y protección humana.
Siendo personas imperfectas, podemos cometer errores y acudir a nuestro Padre Celestial. Su amor no nos echará en cara todo lo que hemos hecho mal, sino que nos levantará y nos brindará toda la ayuda que necesitemos para seguir adelante. Nunca olvidemos que contamos con una familia divina que no se ve afectada por los errores humanos. Dios siempre mantiene su «sí» sobre nuestra existencia. Nuestro Padre siempre está esperando que nos volvamos a Él para acogernos en su familia y que encontremos en ella nuestro verdadero hogar. ¡Será lo más hermoso que nos puede pasar en la vida! Y esto adquiere un brillo especial si tenemos la dicha de que nuestra familia natural forme parte conscientemente de esta familia de Dios.
