Apacienta mis ovejas

En este maravilloso tiempo que se extiende entre la Resurrección del Señor, su Ascensión al Cielo y el descenso del Espíritu Santo, queremos profundizar en el tema de la Iglesia. Sin duda, durante esos cuarenta días el Señor preparó intensamente a sus discípulos para lo que les sobrevendría, les hizo partícipes de sus planes salvíficos –en la medida en que ellos podían comprenderlos en aquel momento– y les trazó el camino a seguir. Una de sus indicaciones esenciales queda patente en el siguiente pasaje del Evangelio:

Jn 21,15-19

Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Apacienta mis corderos”. Volvió a preguntarle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: “¿Me quieres?”, y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo y te ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras” -esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: “Sígueme”. leer más

“PERSEVERAR EN EL CAMINO”

«No se recompensa el empezar, sino únicamente el perseverar» (Santa Catalina de Siena).

Es bueno que Santa Catalina nos recuerde que el entusiasmo pasajero de nuestro corazón, que en ocasiones sentimos cuando Dios nos concede gracias palpables y que nos lleva a tomar los respectivos propósitos, debe demostrar su valía a lo largo del camino. Para ello, necesitamos una formación espiritual que nos enseñe a sobrellevar conscientemente los esfuerzos necesarios para poner en práctica ese buen comienzo.

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Es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones

Hch 14,19-28

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio que sedujeron a la muchedumbre, de modo que apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyéndole muerto. Pero rodeado de los discípulos se levantó y entró en la ciudad. Y al día siguiente marchó con Bernabé a Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y hacer numerosos discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, confortando los ánimos de los discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe, diciéndoles que es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones. Tras designar presbíteros en cada iglesia, haciendo oración y ayunando, les encomendaron al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia; y después de predicar la palabra en Perge bajaron hasta Atalía. Desde allí navegaron hasta Antioquía, de donde habían salido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían realizado. Al llegar, reunieron a la iglesia y contaron todo lo que el Señor había hecho por mediación de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron bastante tiempo con los discípulos. leer más

Proclamar el Evangelio con sabiduría  

Hch 14,5-18

Al producirse en Iconio un tumulto, judíos y gentiles, junto con sus jefes, se unieron finalmente para ultrajarlos y apedrearlos. Ellos, al enterarse, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y sus alrededores. También aquí se pusieron a anunciar la Buena Nueva. Había en Listra un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento, que nunca había andado. Un día estaba escuchando hablar a Pablo. Pablo se quedó mirándolo fijamente y, viendo que tenía fe para ser curado, le dijo con fuerte voz: “Ponte derecho sobre tus pies.” El hombre se levantó de un salto y se puso a caminar. La gente, al ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: “Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres.” A Bernabé le llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra. El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y, rodeado de la gente, se disponía a ofrecer un sacrificio. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando: “Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, de igual condición que vosotros, que os predicamos que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay. En las generaciones pasadas Dios permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos, si bien no dejó de manifestarse derramando bienes, enviándoos desde el cielo lluvias y estaciones fructíferas, concediéndoos el sustento y llenándoos de alegría…” Con estas palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un sacrificio.

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Os conviene que me vaya

NOTA: Meditaremos hoy el evangelio siguiendo el calendario tradicional.

Jn 16,5-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’ Pero porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza; pero yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré. Y cuando venga Él, acusará al mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me veréis; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.”

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“LOS MANDAMIENTOS SON VIDA”

«Yo amo tus preceptos, Señor, dame la vida por tu amor» (Sal 118,159).

Los santos mandamientos de Dios son vida. Al permanecer en ellos, vivimos en la gracia de nuestro Padre. Son las instrucciones que Dios, en su bondad, nos ha dado para que no sucumbamos a los torbellinos de este mundo ni seamos presa del mal. Basta con examinar uno por uno los mandamientos para reconocer la gran sabiduría que contienen. Si nuestro Padre nos ordena en primer lugar: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mt 22,37), ya nos ha comunicado lo más esencial.

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“EL TRONO DE LA VERDAD”

«Nadie en todo el mundo es capaz de cambiar la verdad. Sólo una cosa podemos hacer: buscarla, encontrarla y servirla» (San Maximiliano Kolbe).

Esta frase certera de san Maximiliano nos introduce en una actitud de humildad natural. Nos muestra el camino hacia una vida fructífera en unión con Dios. Para ello hemos sido creados y nuestro Padre mismo ha sembrado en nuestro corazón la búsqueda de la verdad.

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Permanecer en la alegría

Hch 13,44-52

El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para oír la palabra del Señor. Cuando los judíos vieron la muchedumbre se llenaron de envidia y contradecían con injurias las afirmaciones de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: “Era necesario anunciaros en primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles. Pues así nos lo mandó el Señor: ‘Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra’.” Al oír esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna. Y la palabra del Señor se propagaba por toda la región. Pero los judíos incitaron a mujeres piadosas y distinguidas y a los principales de la ciudad, promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio. Éstos se sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se dirigieron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo. leer más