«Deseo que, en mí, te sientas en casa, como en una familia que te quiere mucho y en la que siempre te sientes aceptado» (Palabra interior).
Si los hombres lo supieran, muchas cosas podrían cambiar en sus vidas. Incluso si hemos tenido la gracia de crecer en una buena familia, la certeza que nos transmite la frase de hoy puede ampliar aún más nuestra perspectiva, y podremos decir: «Si YA fue una gran dicha crecer en una buena familia, ¡cuánto más maravillosa debe de ser entonces la familia celestial, de la que procede todo lo bueno que nos ha sucedido!». Con esta perspectiva, incluso se puede estar dispuesto a dejar atrás la familia natural para seguir la llamada del Rey que busca la belleza del alma (cf. Sal 45,12).
