“TEN PRESENTE QUE DIOS ESTÁ SIEMPRE CONTIGO” 

«No te preocupes tanto por quién está a tu favor o en tu contra; dedica más bien toda tu atención a pensar que Dios está contigo en todo» (Tomás de Kempis).

Una y otra vez, escuchamos que los maestros de la vida espiritual nos exhortan a no estar tan pendientes de las demás personas. Esto se aplica especialmente a lo que puedan pensar de nosotros y a su relación con nosotros. De lo contrario, fácilmente caemos en todo tipo de sospechas y tampoco estaremos a salvo de prestar oído a especulaciones e incluso a rumores. De este modo, encuentran cabida en nuestro interior.

Tomás de Kempis lo expresa nuevamente en la siguiente frase, esta vez de forma generalizada: «Tendríamos mucha paz si no estuviéramos tan pendientes de lo que dicen y hacen los demás, algo que, al fin y al cabo, no nos incumbe en absoluto».

Por el contrario, nunca deberíamos cansarnos de pensar en nuestro Padre Celestial, de centrar nuestro corazón y nuestra mente en Él e intentar percibir su presencia. Esto nos ayudará a refrenar nuestra curiosidad respecto a otras personas y a ordenar nuestros pensamientos. Entonces, percibiremos rápidamente cuando empezamos a preocuparnos por otras personas de manera innecesaria y, a veces, incluso perjudicial. Cuando esto sucede, esas personas acaban ocupando un espacio excesivo en nuestra vida, lo cual, por supuesto, no se aplica de la misma manera cuando se trata de aquellas personas que han sido confiadas a nuestro cuidado.

Y, sin embargo, incluso en este caso, puede ayudarnos el consejo de este maestro de la vida espiritual. Intentemos considerar a las personas que han entrado y entran en nuestra vida desde la perspectiva de Dios. No debe inquietarnos si están a nuestro favor o en nuestra contra. Simplemente, hemos de depositarlas en el Corazón de Dios y saber que Él nos acompaña en todas las situaciones. Es también la sabiduría de Dios la que nos impulsa a servir a las personas confiadas directamente a nuestro cuidado. De ella aprendemos lo que debemos hacer y, entonces, lo ponemos en práctica con nuestra voluntad. Así permanecemos siempre enfocados en el Señor.