Todo tiene su momento

Ecl 3,1-11

Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar. Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse. Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar. Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar. Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz. ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? He considerado la tarea que Dios ha impuesto a los humanos para que en ella se ocupen. Él ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; y también ha puesto el conjunto del tiempo en sus corazones, pero el hombre no es capaz de descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.

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“CONFÍA EN MI MISERICORDIA”

«No se turbe ni tema tu corazón. Cree en Mí, y ten confianza en mi misericordia» (Tomás de Kempis).

Existen diversas circunstancias que pretenden dominar nuestro corazón. El temor y el miedo pueden contarse entre ellas. Pueden absorber por completo a las personas o, al menos, privarlas de la paz interior.

Sabemos que, a menudo, en los conflictos bélicos se intenta sembrar el terror y el espanto para intimidar al adversario antes del enfrentamiento, utilizándolos como arma de guerra. Si se lo logra, la capacidad de luchar del adversario se ve debilitada y su valor puede menguar.

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