“REALIZAR LAS OBRAS DE DIOS”   

«Aún debes esperar un poco y seguir realizando tus obras. ¡Yo soy tu recompensa!» (Palabra interior).

Nuestra vida en la Tierra es breve, y aprovecharla tanto para este tiempo como para la eternidad es la mayor sabiduría. En el fondo, muchas personas anhelan descubrir y cumplir su misión en este mundo. Si aún no han tenido un encuentro con Dios, el cumplimiento de sus deberes de estado les ayudará a desenvolverse de manera productiva dentro del orden natural. Sin embargo, la perspectiva cambia cuando conocemos a Dios. Entonces comprendemos que el orden natural también procede de Dios y que podemos agradarle y honrarle al cumplir cuidadosamente nuestras obligaciones en este plano.

No obstante, la perspectiva puede ampliarse aún más cuando entendemos nuestro servicio en la vida cotidiana como una contribución a la edificación del Reino de Dios en la Tierra. De este modo, empezamos a hacerlo todo más conscientemente para la gloria de Dios.

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El camino regio

1Cor 12,31-13,13

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, sería como el bronce que resuena o un golpear de platillos. Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, no sería nada. Y aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo para dejarme quemar, si no tengo caridad, de nada me aprovecharía. La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca acaba. Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada. Porque ahora nuestro conocimiento es imperfecto, e imperfecta nuestra profecía. Pero cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto. Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño, razonaba como niño. Cuando he llegado a ser hombre, me he desprendido de las cosas de niño. Porque ahora vemos como en un espejo, borrosamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido. Ahora permanecen la fe, la esperanza, la caridad: las tres virtudes. Pero de ellas la más grande es la caridad.

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