Sb 8,1-6
Lectura correspondiente a la memoria de Santa Hildegarda de Bingen
La sabiduría se propaga decidida de uno al otro confín y gobierna todo con acierto. Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me empeñé en hacerla mi esposa, enamorado de su belleza. Su intimidad con Dios ennoblece su linaje, pues el dueño de todo la ama. Está iniciada en el conocimiento de Dios y es la que elige sus obras. Si la riqueza es un bien apetecible en la vida, ¿qué cosa más rica que la sabiduría, que todo lo hace? Si la inteligencia trabaja, ¿quién sino la sabiduría es el artífice de cuanto existe?
Hoy tenemos la dicha de hablar de una santa a la que nosotros, como Harpa Dei, hemos llegado a conocer sobre todo a través de su música. Se trata de santa Hildegarda de Bingen, doctora de la Iglesia y una figura muy significativa de la Baja Edad Media.
