La limitación de lo creado

Ecl 1,2-11

¡Vanidad de vanidades! -dice Qohélet-, ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol? Una generación va, otra generación viene; pero la tierra permanece donde está. Sale el sol, se pone el sol; corre hacia su lugar y de allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur el viento y gira al norte; gira y gira y camina el viento. Todos los ríos van al mar, y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir. Todas las cosas cansan. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír. Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará. Nada nuevo hay bajo el sol. Si de algo se dice: “Mira, eso sí que es nuevo”, aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron. No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria entre los que después vendrán.

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“CORAZONES ABIERTOS”

«Nada es imposible para mí. Cuando encuentro un corazón abierto, quiero colmarlo y, a través de él, bendecir también a otras personas» (Palabra interior).

¡Cuánto anhela nuestro Padre encontrar corazones abiertos! Quizás ni siquiera podamos imaginarlo, pues sabemos que Dios se basta a sí mismo. Es cierto que Dios posee la plenitud en sí mismo y no necesita nuestro amor para alcanzar aún mayor plenitud. Y, sin embargo…

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