«Si una mota de imperfección se adhiere a tu corazón, no te preocupes; arrójala inmediatamente al fuego del amor divino y pide perdón con sincero arrepentimiento. Sigue viviendo en paz» (San Pablo de la Cruz).
He aquí un buen consejo espiritual que nos ofrece un «alma ardiente» para avanzar en el camino de la santidad. De hecho, no conviene que caigamos en una inquietud y preocupación innecesarias cuando descubrimos imperfecciones en nosotros mismos. Por supuesto, tampoco debemos pasarlas por alto ni mucho menos acostumbrarnos a ellas. Más bien, se nos aconseja hoy lidiar sabiamente con nuestras imperfecciones. Aún estamos de camino y no hemos llegado a la meta. Nuestro Padre no espera que seamos perfectos en el momento de encontrarnos con Él, sino que quiere guiarnos hacia la perfección. Un simple acto de autoconocimiento bastará para darnos cuenta de que aún nos falta mucho para llegar a la meta. ¿Quién podría decir que ya ama perfectamente?
El fuego del Espíritu Santo que ha sido encendido en nosotros quiere, por supuesto, que lleguemos a ser tan puros y perfectos como sea posible en esta vida terrenal. De hecho, estamos llamados a ser como nuestro divino Maestro. Cuando nos topemos con nuestras imperfecciones, aunque sean apenas como una mota de polvo, debemos llevarlas inmediatamente ante nuestro Padre, pedirle perdón y dejar que el fuego del amor divino nos purifique, tal y como nos dice san Pablo de la Cruz. Se trata de un proceso que tendremos que repetir una y otra vez en nuestro camino espiritual, y cada vez experimentaremos el amor generoso de nuestro Padre celestial. Al mismo tiempo, nuestro Señor no dejará pasar ninguna oportunidad de ayudarnos a avanzar en el camino de la santidad, siempre y cuando estemos dispuestos.
En este intercambio interior de amor, crece la familiaridad con Dios y se disipa todo miedo a Él, sin que por ello descuidemos la vigilancia. Permanecemos en paz y aceptamos con humildad y gratitud que aún nos queda un largo camino por recorrer.
