“AMIGOS EN EL CIELO”  

 

«Si conociéramos el poder que tienen las benditas almas del purgatorio sobre el Corazón de Dios y cuántas gracias se pueden obtener por su intercesión, no las tendríamos tan olvidadas. Hay que orar mucho por ellas para que oren mucho por nosotros» (San Juan María Vianney).

Pensemos en aquellas almas que aún se encuentran en el purgatorio, que anhelan llegar a Dios y que se han arrepentido profundamente de sus pecados. Están esperando nuestra oración, una muestra de amor por nuestra parte, pues les ayuda. Ya no pueden hacer nada por sí mismas, pero nuestro Padre celestial acepta cada oración y cada obra que ofrezcamos por ellas como expiación en su favor. Esto forma parte del misterio de la comunión de los santos.

El cura de Ars era un hombre que vivía muy cerca de Dios y alcanzó una profunda comprensión de los designios del Señor para con los hombres. Por ello, también era consciente del amor de Dios hacia aquellas almas que, tras su muerte, aún deben esperar para alcanzar la visión beatífica. Sin embargo, no se encuentran en un estado totalmente pasivo, ya que pueden interceder por nosotros. Imaginemos una situación dolorosa que no podemos cambiar por nosotros mismos. En relación con las benditas almas del purgatorio, imaginémoslas con ese ardiente anhelo de llegar pronto a Dios. De repente, un creyente piensa en ellas y ofrece una oración o un pequeño sacrificio. Esto contribuye a abreviar el tiempo de su purificación y a satisfacer su anhelo de Dios.

¿Acaso no haríamos todo lo que estuviera en nuestras manos para ayudar en su camino con Dios a quien nos ha ayudado?

Así ocurre cuando intercedemos por nuestros hermanos y hermanas del purgatorio. El santo Cura de Ars quiere recordarnos esta obra de caridad. ¡Con qué facilidad podemos ganarnos así amigos en el cielo, que intercederán por nosotros para que alcancemos nuestra meta y adoremos eternamente a nuestro Padre, en comunión con ellos!