«Si respondes a los planes de Dios, Él hará de ti un santo» (San Pablo de la Cruz).
Así que, en realidad, no es tan difícil, amado Padre, como nos dice san Pablo de la Cruz. Sin duda, él lo experimentó en carne propia.
«Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura» (Mt 6,33), así nos exhortas por boca de tu Hijo. Tú, amado Padre, ya tienes un plan para nuestra vida. Por tanto, no hace falta que diseñemos nuestros propios proyectos, sino simplemente que sigamos los tuyos. ¡Cuántos problemas nos ahorraremos así! Todos esos planes e ideas que construimos y que, en no pocas ocasiones, acabamos descartando o que, en última instancia, no se cumplen como esperábamos o se quedan en meras ilusiones. O quizá se cumplen, pero no nos dan lo que nos prometían, sencillamente porque no eran tus planes para nosotros.
¿Por qué no lo intentamos de otra manera? ¿Cuáles son tus planes para nosotros, amado Padre? Enséñanos a escucharte y a reconocer tus designios. Entonces las cosas empezarán a cambiar, porque te habremos dado cabida en nuestras vidas. Si seguimos tus caminos con constancia, te iremos comprendiendo cada vez mejor. Pondremos en tus manos nuestras propias ideas y deseos, es decir, ya no dispondremos de ellos por nuestra cuenta, sino que te los entregaremos y escucharemos lo que Tú quieres.
Una vez que hayamos emprendido este camino, seguiremos adelante. Entonces nos daremos cuenta de que todo se vuelve mucho más claro y percibiremos mejor tu amorosa mano y tu bondadosa providencia. Todo adquirirá un sentido más profundo. Así, nos volveremos cada vez más dóciles a tu voluntad, sea la que fuere, y te amaremos cada vez más.
Y casi se me olvida, amado Padre: de este modo, tú mismo nos has guiado, casi imperceptiblemente, por el camino de la santidad. ¡Por favor, llévanos hasta su buen final!
