“CUANDO ME MIRAS…” 

«Mi existencia permanece oculta para mí hasta que Tú, oh Dios, me miras, y mi oscuridad se vuelve tan clara como el mediodía» (San Agustín).

Solo a través de la mirada de nuestro Padre sobre nosotros comprendemos nuestra verdadera vocación como seres humanos. Es tal y como describe San Agustín. Mientras aún no percibimos esa mirada, a menudo seguimos buscando nuestra propia identidad por diversos caminos y construimos una imagen de nosotros mismos, en lugar de que ésta se despliegue de forma orgánica según el plan de Dios para con nosotros.

¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿De dónde venimos y adónde vamos?

La amorosa mirada de nuestro Padre nos despierta a la verdadera vida. Debemos dejar que esa mirada se pose sobre nosotros y permitir que el “SÍ” de nuestro Padre sobre nuestra existencia penetre suavemente en nuestro interior, entregarle a Dios el miedo y la inseguridad ante la vida y sumergirnos confiadamente en su amorosa mirada. Así podremos comprender cada vez mejor las palabras que el Padre quiere susurrar a nuestro corazón mediante el Mensaje a la Madre Eugenia.

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El Señor en Nazaret

Lc 4,16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acabáis de oír”. Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”. Pero él les respondió: “Sin duda vosotros me citaréis el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún”. Después agregó: “Os aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

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