La jerarquía de los mandamientos

Mt 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al enterarse de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en grupo. Entonces uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” Él le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.”

Es importante tener presente el orden de los mandamientos, para actuar de acuerdo a esta jerarquía. El primero y más importante de los mandamientos es amar a Dios. Éste es el factor decisivo para que el hombre corresponda al orden fundamental de su existencia.

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“VIVIR PARA LA ALEGRÍA DE DIOS (II)”  

«No aprecia el vigor de los caballos, no estima los músculos del hombre: el Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia» (Sal 146,10-11).

No son las capacidades naturales del hombre las que deleitan a nuestro Padre, aunque en el mundo se las suele admirar e incluso idealizar. Estas no son más que herramientas y su verdadero valor depende únicamente del fin para el que se empleen. ¿De qué sirve una gran inteligencia a los ojos del Señor si no se la utiliza para el bien? Una y otra vez, el hombre se ve tentado a derivar su valor de cosas que no son más que añadiduras en su vida y que no constituyen lo esencial. Esta tentación puede incluso presentarse en el ámbito eclesiástico, de modo que se adoptan criterios mundanos en lugar de medir con los criterios divinos que la Sagrada Escritura nos transmite claramente. La frase de hoy es un buen ejemplo.

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