A través de las meditaciones de los últimos días, hemos tenido la oportunidad de encontrarnos más de cerca con Dios Padre. A veces las experiencias negativas que hayamos podido tener en nuestra vida nos impiden reconocer la verdadera imagen de Dios, por ejemplo, si la relación con nuestro padre biológico ha sido más bien problemática. Sin embargo, uno no debe quedar atrapado en estas experiencias, sino que entonces se vuelve aún más necesario descubrir a Dios como nuestro amoroso Padre, capaz de sanar nuestras heridas y llenar consigo mismo cualquier vacío interior.
Como habíamos mencionado al inicio de la novena, esta Fiesta a Dios Padre como Padre de toda la humanidad responde a una petición que Él mismo transmitió a través de la Madre Eugenia Ravasio. Sólo la jerarquía eclesiástica puede instaurarla como fiesta oficial en el calendario litúrgico; pero, hasta que eso suceda, los sacerdotes que se unen a esta intención podrían celebrar en este día una Misa votiva a la Santísima Trinidad, particularmente dedicada al Padre Celestial.
