La responsabilidad de los pastores

 

Ez 34,1-11

La palabra del Señor me fue dirigida en estos términos: “Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores: Así dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño. No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza. Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas. Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: Por mi vida, oráculo del Señor, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más su presa. Porque así dice el Señor: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. leer más

“LA RESPUESTA DE MARÍA”  

«Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

Escribo esta meditación el 15 de agosto y, en este día, no quiero ni puedo pasar por alto a nuestra amada Virgen María sin pensar en ella y dedicarle unas palabras.

¿Cómo se habrá fijado nuestro Padre, con una mirada llena de amor, en aquella a la que eligió para que fuera la Madre de su Hijo? Una virgen santa y pura que, como sabemos gracias a la doctrina de la Iglesia, fue preservada de la mancha del pecado original. Es decir, se asemejaba a la condición de Eva en el Paraíso.

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