Santa Juana de Arco: “Juana cumple su predicción: La liberación de Orléans”

Desde que Juana de Arco entró en escena, el panorama de la guerra cambió a favor de la Corona francesa. Lo decisivo había sucedido: el heredero Carlos VII había recibido a Juana y se había convencido de que había sido enviada por el Rey del Cielo; también las autoridades eclesiásticas habían dado su aprobación. Así, Dios pudo llevar a cabo sus planes.

Juana no solo era esperada con ansias por la población sitiada en la ciudad de Orléans, sino que, sobre todo, fortaleció a los soldados del rey. La presencia de la Doncella, con su inagotable confianza, infundió nuevas fuerzas al ejército francés y lo sacó de la desesperanza.

Juana, por su parte, nunca llevaba armas ni mató a nadie. Sin embargo, su valentía y determinación al permanecer frente al ejército, incluso en situaciones aparentemente desesperadas, alentaban una y otra vez a los soldados. Esto ocurría incluso cuando, en un principio, la campaña militar parecía abocada al fracaso, pero finalmente llegaba a buen término.

El confesor de Juana, Jean Pasquerel —quien, a petición de ella, la acompañó hasta el momento de su captura en Compiègne—, relata que, en lugar de un arma, la Doncella siempre llevaba consigo un estandarte. Así declaró el clérigo:

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“EL ESPÍRITU DE DISCERNIMIENTO”

«Guardaos bien de los falsos profetas, que se os acercan disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7,15-16a).

El Señor no nos deja a oscuras respecto a los peligros que acechan en nuestro camino de seguimiento. Sería impensable que no nos advirtiera, ya que, de lo contrario, podríamos caer en una falsa seguridad. Como Buen Pastor, no solo nos protege de los lobos, sino que también nos da los criterios para identificar a los falsos profetas.

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