Durante su adolescencia, Juana guardó en su interior el secreto entre Dios y ella. No se lo contó a nadie, ni siquiera a su párroco, sus padres o sus amigos. Poco a poco, sus santos le fueron revelando más detalles sobre la misión que se le encomendaba y, bajo su guía, orientó toda su vida hacia su cumplimiento.
La joven Juana era consciente de la difícil situación militar en la que se encontraba su patria, pues la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra incluso se hacía sentir en su pequeña aldea. La desunión política del país, con sus distintas facciones y las bandas que merodeaban y saqueaban, constituía una amenaza constante y no había perspectivas de paz. Sin duda, la desastrosa situación de Francia era el tema de conversación y la preocupación diaria de los habitantes de Domrémy y sus alrededores.
A lo largo de la guerra, los ingleses habían ido conquistando poco a poco amplios territorios de Francia. Se habían aliado con los borgoñones franceses, por lo que todo apuntaba a que pronto toda Francia quedaría sometida al rey inglés.
