Una vez liberada la ciudad de Orléans del asedio, a Juana le urgía cumplir su segunda predicción: llevar al rey a Reims para su coronación. Sus voces le habían dado a entender que no disponía de mucho tiempo para cumplir su misión y que era preciso aprovechar el momento oportuno.
El conde de Dunois relata:
«Tras la liberación de Orléans, Juana y yo, junto con algunos otros, nos presentamos ante el rey, que se encontraba en el castillo de Loches, para pedirle nuevas tropas con el fin de reconquistar las fortalezas y ciudades situadas a orillas del Loira, especialmente Meung, Beaugency y Jargeau, de modo que en el futuro pudiera operar con mayor seguridad y avanzar sin obstáculos hasta Reims, donde se celebraría su coronación. Juana apremió al rey, suplicante e insistentemente, para que se diera prisa y le advertía de que no vacilara. A partir de ese momento, el rey actuó con toda la diligencia posible y envió al duque de Alençon, a otros jefes militares y a mí —junto con Juana— para que reconquistáramos aquellas ciudades y castillos. Y, de hecho, volvieron a quedar bajo el dominio del rey gracias a la ayuda de Juana, en mi opinión».
