«A todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará» (Mt 25,29).
Jesús pronuncia esta frase en relación con los talentos que se nos han confiado y que debemos multiplicar.
¿Qué quiere enseñarnos nuestro Padre por medio de estas palabras? Sin duda, lo primero que debemos comprender es que todos los talentos que se nos han confiado deben servir al Reino de Dios. Son dones que hemos recibido y nuestro Padre nos capacita para que los utilicemos de tal manera que produzcan abundante fruto y que éste permanezca, como dice Jesús en otro pasaje del Evangelio (Jn 15,16). Esta sola perspectiva ya cambia el rumbo de nuestra vida. Nos preserva de poner nuestra propia persona en el centro de atención y de aspirar una realización en un sentido mundano. Dirige nuestra mirada hacia Dios, de quien proceden los dones recibidos.
Estas palabras del Señor cobran aún más sentido si las aplicamos al amor, ya que cada uno de los dones nos ha sido concedido precisamente por este motivo. Así llegamos a la esencia de la parábola. Dios quiere que el amor que Él nos tiene y que nos ofrece de múltiples maneras se multiplique. Por tanto, si aprendemos a actuar en este amor, es señal de que el amor divino nos ha alcanzado y ha tomado posesión de nosotros. Entonces, este amor se convierte en un gran torrente, ya que el amor divino no tiene límites. Toma las riendas de nuestra vida, se vuelve cada vez más grande y se nos entrega en abundancia.
Sin embargo, si rechazamos el amor que se nos dona, nuestro corazón se quedará frío e incluso puede endurecerse, hasta el punto de que el amor termine por desvanecerse completamente. Entonces se hará realidad lo que advierte la frase de hoy: «Pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.»
