Después de haber tematizado en los dos últimos impulsos diarios la bondad de nuestro Padre Celestial y su deseo de perdonar incluso los pecados repugnantes como el fango, quisiera hoy simplemente “dejar hablar” al Padre mismo, citando dos pasajes del Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio sobre este tema.
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EL AMOR PAGA TODO
“Aunque vuestros pecados fuesen repugnantes como el fango, vuestra confianza y vuestro amor me los harán olvidar, a tal punto que no seréis juzgados. Es verdad que soy justo, ¡pero el amor lo paga todo!” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
UN PEQUEÑO PASO
“¡Yo soy el mejor de los padres! ¡Conozco las debilidades de mis criaturas! ¡Venid, venid a mí con confianza y amor! Y si os arrepentís, yo os perdonaré” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
EL CAMINO DE LA SENCILLEZ
“Nada es difícil cuando se ama a Dios” (Venerable Anne de Guigné).
CUIDAR LA ARMADURA
“Manteneos siempre en la oración y la súplica, orando en toda ocasión por medio del Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos” (Ef 6,18).
Con esta advertencia final del Santo Apóstol, concluimos nuestra pequeña serie sobre la armadura de Dios.
YELMO Y ESPADA
“Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef 6,17).
Una vez más, nuestro Padre nos provee de todo lo necesario para el duro combate. Como yelmo, nos ofrece la salvación en Cristo.
EL ESCUDO DE LA FE
“Tomad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno” (Ef 6,16). leer más
LUCHAR POR EL EVANGELIO
LA CORAZA DE LA JUSTICIA
“Revestíos con la coraza de la justicia” (Ef 6,14b).
Esta afirmación nos da a entender que la justicia protege a la persona. Justicia significa dar a cada cual lo que le corresponde, estar atentos a los casos en que la dignidad de la persona se ve amenazada por la injusticia y, en la medida de nuestras posibilidades, garantizar sus derechos. Esto se aplica al ámbito personal, pero también a la sociedad en general.
CEÑIDOS CON LA VERDAD
“Así pues, estad firmes, ceñidos en la cintura con la verdad” (Ef 6,14).
