VIVIR EN ÍNTIMA AMISTAD CON DIOS PADRE

“Vive en íntima amistad conmigo. Ésta se profundizará más y más, hasta que estés del todo conmigo en la eternidad” (Palabra interior). 

 

La amistad con nuestro Padre Celestial es una de las experiencias más bellas en la vida. Así como Jesús llamó a sus discípulos “amigos” (Jn 15,15) y los trató como tales, también el Padre nos invita a vivir en amistad cercana con Él. La palabra “cercana” quiere subrayar aún más la intimidad de esta relación. 

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EL TESORO DE DIOS EN LA TIERRA

El Señor nos dice: “Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban” (Mt 6,20). ¡Sabemos lo que nos quiere decir! En efecto, todo lo que hacemos movidos por el verdadero amor se convierte en el oro más precioso en la tesorería celestial.

Pero también nuestro Padre tiene un tesoro: son los corazones de los hombres que le pertenecen.

“Tu corazón me pertenece, y ése es mi mayor tesoro en la Tierra.” (Palabra interior)

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NO PUEDO RETENER MI AMOR

“Cuando miro en mi Corazón, no puedo retener mi amor. Siempre quiere derramarse sobre los hombres, envolverlos y donarse a ellos.”

¡Cómo arde en el Corazón de nuestro Padre el fuego del amor, queriendo entregarse a nosotros!

Así es el amor divino: siempre quiere donarse y jamás se detiene. Ciertamente, uno puede cerrarse a él. Pero esto no puede atenuar ni mucho menos extinguir el fuego en el Corazón de Dios. Aunque no lo dejemos entrar en el corazón para que pueda traernos su luz y calor, el fuego no se apaga.

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CONFÍA EN MÍ SIN RESERVAS

“Confía en mí sin reservas” –escuché un día en la oración.

El amor de nuestro Padre nos invita a confiar ilimitadamente en Él. No hay nada que Dios no sepa; Él nos conoce mejor que nosotros mismos, conoce nuestro corazón:

“Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.”
(Sal 138,1-3)

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NO PERDER EL ÁNIMO

En la oración, escuché un día estas palabras: “No te desanimes cuando el mal parezca triunfar. Son victorias pírricas, victorias ficticias, después de las cuales viene la derrota y la separación definitiva entre el bien y el mal.”

Cuando notamos cómo el mal parece triunfar en el mundo y a nuestro alrededor, la gran tentación que nos sobreviene es la de perder el ánimo, tirar la toalla e indirectamente darle así mayor poder al mal. ¡Pero no debería ser así!

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¡NO TEMAS!

“No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.” (Is 43,1)

El Apóstol Pablo exclama: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” (Rom 8,35), y nos asegura entonces que absolutamente nada – “ni la muerte, ni la vida, (…)  ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, (…) ni cualquier otra criatura– podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (v. 38-39).

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EL AMOR DE DIOS ESTÁ SIEMPRE AHÍ

Todas las personas han de cobrar consciencia de que tienen un Padre amantísimo. Es ésta la realidad objetiva sobre la cual se cimentan sus vidas. Sólo al interiorizar esta certeza podrán despertar a la plenitud de la vida (cf. Jn 10,10b).

Es el Padre Celestial quien puede sanar todas nuestras heridas y hacernos descubrir el sentido amoroso de nuestra existencia, al dársenos a conocer. ¡Aquí reside la verdadera felicidad del hombre!

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JESÚS PROCEDE DEL PADRE

Habiendo llegado su hora, Jesús se dirige al Padre y le encomienda a los Suyos y le asegura:“[Ellos] Entendieron que en verdad salí de Ti, y creyeron que Tú Me enviaste” (Jn 17,8b).

Conocer a Jesús significa comprender más profundamente que Él salió del Padre y vino para dárnoslo a conocer. Es de inconmensurable importancia que los judíos, a los cuales Jesús fue enviado en primer lugar (cf. Mt 15,24), sepan que su Mesías y el Mesías de toda la humanidad es el Hijo del único Dios; el mismo que los había elegido para que sean su Pueblo (cf. Jer 30,22).

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JESÚS NOS TRANSMITE LAS PALABRAS DEL PADRE

En su gran oración al Padre, Jesús puede atestiguar que los suyos, que le fueron encomendados por el Padre, han guardado su Palabra: “Ahora han conocido que todo lo que Me has dado viene de Ti; porque Yo les he dado las palabras que Me diste; y las recibieron.” (Jn 17,7-8)

¡Cuán importante es para Jesús que nosotros conozcamos al Padre! Él es el Hijo amado de su Padre y nosotros hemos de entender que todo lo que Él hace y cuanto vemos en Él, procede de Aquél que lo envió. ¡Una y otra vez el Señor nos lo da a entender!

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