«La Cuaresma es el otoño de la vida espiritual, en el que debemos cosechar los frutos y almacenarlos para todo el año. Haga todo lo posible —se lo ruego— para enriquecerse con estos tesoros preciosos que nadie podrá robarle y que no se oxidan (cf. Mt 6,20). Recuerde lo que digo con frecuencia: mientras pretendamos vivir dos Cuaresmas al mismo tiempo, nunca conseguiremos vivir bien ni siquiera una. Por tanto, vivamos la Cuaresma actual como si fuera la última, entonces la aprovecharemos bien» (De una carta de San Francisco de Sales a Juana Francisca de Chantal).
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Día 38: “Conspiración contra Jesús”
La Semana Santa ya está a las puertas y, por tanto, nuestro itinerario cuaresmal nos presenta hoy el pasaje del Evangelio en el que los enemigos de Jesús deciden matarlo (Jn 11,47-54). Dice así:
«Entonces los príncipes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín: “¿Qué hacemos, puesto que este hombre realiza muchos signos? -decían-. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación”» (vv. 47-48).
Aquí vemos los falsos pretextos que esgrimieron, pues Jesús con su predicación y sus obras no suponía en absoluto una amenaza para los romanos. En realidad, eran los líderes religiosos quienes se sentían amenazados y temían perder su influencia sobre el pueblo.
La resurrección de Lázaro, un signo inequívoco de la autoridad divina de Jesús, resultó intolerable para ellos. Como no tenían manera de rebatirle ni de acusarle de algún pecado —y, por tanto, de haber transgredido la Ley—, simplemente decidieron matarle.
“SEGUIR AL SEÑOR SIN CAER EN CEGUERA”
Amado Padre, en el evangelio de hoy (Jn 11,47-54) nos encontramos con la obstinación y la ceguera de los líderes religiosos de aquella época. Estas alcanzaron dimensiones alarmantes y les llevaron incluso a tramar la muerte de Jesús. Se engañaban a sí mismos, de modo que la verdad ya no tenía acceso a sus corazones.
Día 37: “Ahora te seguimos de todo corazón”
Tras la alegría por la elección de la Santísima Virgen María, que celebramos ayer, nuestro itinerario cuaresmal nos presenta hoy la conmovedora oración de Azarías (Dn 3,25.34-45), uno de los tres jóvenes que, gracias a la intervención divina, salieron ilesos del horno ardiente.
Azarías, que vive en el destierro en Babilonia junto a su pueblo, expresa en primer lugar su profunda lamentación por haber perdido todo aquello que antes constituía el centro de su vida, al mismo tiempo que reconoce la culpa del pueblo: «Nosotros, ¡oh Señor!, hemos venido a ser la más pequeña de todas las naciones, y estamos hoy día humillados en toda la tierra por causa de nuestros pecados. No tenemos en este tiempo ni príncipe, ni caudillo, ni profeta, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda, ni incienso, ni lugar donde ofrecerte las primicias, y hallar gracia a tus ojos» (vv. 37-39a).
¡Qué importante es reconocer la realidad con tal profundidad! Israel siente las consecuencias de haberse alejado de Dios y se da cuenta de que él mismo lo ha provocado. En esta oración, no se acusa a nada ni a nadie por el sufrimiento y la desgracia que han sobrevenido al pueblo, sino que se reconoce la propia culpa de manera sencilla y sincera.
“NUESTRO CORAZÓN: UN RECINTO DE PAZ”
«Ahora te seguimos de todo corazón» (Dn 3,41).
Estas palabras, amado Padre, te las dirigió Azarías mientras se encontraba en el horno ardiente junto con los otros dos jóvenes fieles a ti. Antes, te había confesado que el sufrimiento de los judíos como desterrados en Babilonia era consecuencia de haber abandonado tus mandamientos y preceptos.} leer más
Día 36: “La actitud de María”
En medio de nuestro itinerario cuaresmal, resplandece la gran solemnidad de la Anunciación, aquel día en que comenzó nuestra redención cuando María dio su «sí». Aunque sin duda conocemos bien el pasaje bíblico correspondiente, nunca nos cansamos de escuchar el primer anuncio de la Buena Nueva.
Lc 1,26-38
Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Cuando entró, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, le llamarán Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” María respondió al ángel: “¿Cómo será esto posible, si no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y le llamarán Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y ya está en el sexto mes la que era considerada estéril, porque no hay nada imposible para Dios.” Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Y el ángel la dejó y se fue.
“EL REINO DE SU AMOR”
“En el corazón de María, el Padre edifica el Reino de su amor” (San Juan Eudes).
¡Qué bella constatación de San Juan Eudes! Efectivamente es así: la Virgen acogió plenamente el amor de Dios y dio la respuesta que nuestro Padre pide y espera de nosotros, los hombres. Al decir “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), María abrió las puertas para que el Padre pudiese desplegar sin impedimentos su plan de salvación. Y Dios le encomendó lo más valioso que podía dar a los hombres: a su amado Hijo.
TODO LO DIRIGES SEGÚN TU VOLUNTAD
¡Qué conmovedora es la historia de Daniel (Dn 14,27-42), amado Padre, a quien los idólatras arrojaron al foso de los leones por desenmascarar a sus falsos dioses y sacar a la luz la astucia con la que engañaron al rey Ciro!
Pero los leones no le hicieron daño, tal y como escuchamos también en la vida de otros santos, como Santa Martina de Roma.
Día 35: “Daniel y los leones”
¿Cómo se sobrevive varios días en una fosa de leones a la que te han arrojado para que te devoren siete leones hambrientos? En la lectura de hoy (Dn 14,27-42), Daniel nos da una respuesta.
¿Por qué los babilonios querían deshacerse de Daniel? La lectura narra que éstos fueron a decir al rey Ciro el Persa: «“Entréganos a Daniel, si no, te mataremos a ti y a toda tu casa”. Ante esta gran violencia, el rey se vio obligado a entregárselo». (v. 29-30).
¿Qué había sucedido antes? Resulta que los babilonios adoraban a un ídolo llamado Bel y le llevaban diariamente como ofrenda «doce artabas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis medidas de vino» (v. 3). Cuando el rey Ciro, que tenía en gran estima a Daniel, le preguntó por qué no adoraba a Bel, éste respondió: «Porque yo no venero ídolos hechos por mano humana, sino solamente al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra y tiene poder sobre toda carne» (v. 5). Entonces, Daniel demostró al rey que eran los sacerdotes de Bel quienes devoraban toda la comida, y no el ídolo (vv. 7-21). Cuando Ciro se dio cuenta del engaño, mandó matar a los sacerdotes de Bel (v. 22).
ORACIÓN PARA QUE EL SEÑOR INTERVENGA
Amado Padre, el ejemplo de la ciudad de Nínive nos muestra que es posible que los hombres escuchen las advertencias que les diriges por boca de los profetas, hagan penitencia por sus pecados y, de este modo, queden eximidos de la desgracia que estaba a punto de sobrevenirles.
