«Yo reprendo y corrijo a los que amo» (Ap 3,19).
Estas palabras del Apocalipsis nos enseñan que, en todo lo que hace o permite, nuestro Padre siempre tiene en vista la elevada meta hacia la cual quiere conducirnos: la eternidad, en la que estamos llamados a vivir con Él y junto a Él en un gozo infinito. Esta meta trasciende con creces nuestros objetivos terrenales y deberíamos aprender a comprenderlo. Nuestra visión suele estar orientada hacia una felicidad efímera, ya sea de forma consciente o inconsciente. Por eso, una afirmación como la que escuchamos hoy puede incluso sonar como una amenaza. Sin embargo, esto se debe a nuestra insensatez y a nuestros sentimientos, que con demasiada frecuencia siguen atados a la dimensión terrenal de la vida.
