“PUEDES HACERLO TODO”

«Si permaneces unido a tu Padre a través de la oración, puedes hacerlo todo» (Palabra interior).

¡Qué maravillosa invitación! Nos recuerda a la exhortación de San Pablo a orar sin desfallecer:

«[Permaneced] siempre en oración y súplica, orando en todo tiempo movidos por el Espíritu» (Ef 6,18).

La Sagrada Escritura nos exhorta una y otra vez a la oración perseverante, y los santos y maestros de la vida espiritual no se cansan de hablar sobre su importancia.

Para nuestro Padre, es un camino maravilloso para realizar su obra junto a nosotros. Pero no siempre se trata de obras extraordinarias, sino que la unión con nuestro Padre puede llegar a ser tan íntima que todo lo que hagamos esté impregnado por su luz.

En una ocasión, el Señor dirigió con ternura estas palabras a santa Matilde de Hackeborn: «Dondequiera que estés, allí está mi cielo; ya sea que comas, duermas o hagas cualquier otra cosa, mi morada está siempre en ti».

Podemos suponer que una unión tan íntima con nuestro Padre hará que nos resulte muy fácil reconocer su voluntad. Solo tenemos que preguntárselo abiertamente y entonces Dios nos hará saber si estamos en el camino que es grato a sus ojos (cf. Sal 139, 24).

Además, la unión con nuestro Padre nos impulsará a avanzar con valentía, sin temer al futuro ni a las situaciones que puedan surgir, y a no retroceder cuando debamos permanecer firmes y hacer frente a las adversidades. El Padre se encargará de consolidar en nuestro interior aquellos dones del Espíritu que necesitemos para nuestra vida y para la situación particular en la que nos encontremos.

Pero estos dones no solo se activarán para un momento concreto, sino que, si seguimos sus mociones, permanecerán vivos de forma permanente y estarán constantemente a nuestra disposición. Esto no solo será causa de alegría para nosotros, sino también para nuestro Padre celestial, que se deleitará en ver que su presencia se vuelva natural para nosotros y dirija cada uno de nuestros pasos.