“DESHAZTE DE TODAS TUS CADENAS”

«Deshazte de todas tus cadenas, que hace tiempo fueron soltadas, y avanza conmigo» (Palabra interior).

¿Cuáles son los obstáculos que nos impiden avanzar en el seguimiento del Señor? A menudo pareciera que aún estamos atados por cadenas invisibles. Puede que sean cosas que hace tiempo entregamos al Señor, pero que siguen afectándonos y queriendo frenarnos. Tal vez solo sean pensamientos confusos y temores los que dificultan nuestro caminar.

El Apóstol Pablo exclama: «Olvidando lo que queda atrás, una cosa intento: lanzarme hacia lo que tengo por delante, correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús» (Fil 3,13b-14).

Sin duda, nuestro Padre Celestial quiere que aprovechemos el tiempo que se nos ha concedido en la tierra y que nos esforcemos por alcanzar la meta de nuestra vida. ¡Acojamos profundamente el gran don del perdón de los pecados! Una vez que lo hayamos hecho, debemos lanzarnos hacia lo que tenemos por delante y no mirar una y otra vez hacia atrás, como si el Señor no nos hubiera perdonado de verdad.

Con frecuencia sucede que nos ocupamos demasiado de nosotros mismos y de nuestros sentimientos, lo que nos agobia, empaña nuestra vida y la vuelve gris, sumiéndola en un molino extenuante de autoacusaciones, reproches y difusos sentimientos de culpa.

En su lugar, debería brillar en nuestro corazón el sol del amor liberador de Dios. Si nuestro Padre nos hace libres a través de su amor, no deberíamos seguir cargando voluntariamente con las cadenas que Él ya ha roto, sino avanzar con gratitud en la libertad que nos ha otorgado. ¡Eso es lo que Dios quiere de nosotros! De lo contrario, podría ser que un día nos preguntara: «Pero, ¿por qué seguiste con las cadenas que yo ya había soltado? ¿Por qué te has atado tú mismo? ¿Acaso no confías en mí y en mi amor?».