“CONSERVA LO QUE TIENES”  

«Vengo pronto. Conserva con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona» (Ap 3,11).

Ayer, en los «3 Minutos para Abba», reflexionamos sobre la perseverancia necesaria en el seguimiento de Cristo. Hoy, el Señor nos recuerda que vendrá pronto. Conscientes de la proximidad de su Retorno, estamos llamados a recorrer nuestro camino en pos de Él, independientemente del momento exacto en que se cumpla el tiempo.

¡El Señor vendrá pronto! Nuestro tiempo es limitado.

Forma parte de la prudencia cristiana tenerlo siempre presente para no adormecernos ni echar a perder lo que Dios nos ha confiado. Esto último puede suceder cuando no utilizamos para el Reino de Dios los talentos que se nos han encomendado (cf. Mt 25,14-30).

En la Carta a los Filipenses, san Pablo nos aclara cuál es el gran don que debemos conservar con firmeza y en qué consiste nuestra corona: «Me lanzo hacia lo que tengo por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio al que Dios nos llama desde lo alto por Cristo Jesús» (Fil 3,13b-14).

¡Nuestra vocación celestial es el regalo inconmensurable de nuestro Padre celestial! Es el don de pertenecer a la Iglesia católica. Es el don de habernos encontrado con el Redentor de la humanidad y haberlo reconocido. De él vivimos y en él radica nuestra verdadera identidad.

Esta noble vocación debemos conservarla con firmeza, sin permitir que el espíritu del tiempo nos la arrebate. Debemos defenderla para no perder el premio de la victoria. En efecto, ¿qué seríamos sin la fe?

Incluso naciones enteras pueden fallar a su vocación. Si nos fijamos en la situación de Europa, por ejemplo, veremos que la mayoría de sus Estados, a los que se había confiado una herencia tan rica, han echado a perder en gran medida su identidad cristiana. Si en tiempos pasados los misioneros partían de Europa para llevar el Evangelio a todas las naciones del mundo, hoy en día a menudo se han convertido en pregoneros de una impía «cultura de la muerte»

Conservemos con firmeza lo que el Padre Celestial nos ha confiado, aunque seamos solo un pequeño rebaño.