«La reina del Sur (…) vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón» (Mt 12,42).
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“MI CASA SERÁ LLAMADA CASA DE ORACIÓN”
Con justa razón, amado Padre, tu Hijo se indignó al ver que se hacían negocios en el Templo, que no correspondían a la verdadera belleza y dignidad de tu Casa. Tu Hijo incluso dijo que lo habían convertido en una «cueva de ladrones» y expulsó a los vendedores y cambistas (Mt 21, 12-13).
Tu Casa, amado Padre, debe ser una «Casa de oración», un lugar reservado para el encuentro contigo. Para nosotros, puede ser un pequeño anticipo del Cielo, donde encontraremos la belleza de todas las bellezas en la contemplación de tu gloria.
Aún existen magníficas iglesias, construidas con gran amor para glorificarte, para ofrecer el Santo Sacrificio y para elevar a los fieles a una atmósfera de silencio y devoción. Deberían ser lugares incomparables, en los que nos sintamos envueltos por la magnitud de tu amor.
¿Siguen siendo así los templos hoy en día? ¿No se han instalado con frecuencia el ruido, el parloteo y muchas otras cosas que no deberían tener cabida allí? ¿Todavía encontramos iglesias que nos infunden reverencia a primera vista?
¿Y qué hay de nuestro templo interior, en el que Tú quieres morar? ¡Que experimente una profunda purificación cuando tu amor se derrame en él! Así como el amor impulsó a tu Hijo a expulsar a los vendedores, que el Espíritu Santo también ahuyente de nuestro templo interior todo aquello que no debería tener cabida en él. Nuestro corazón debería ser tu Casa, donde nos encontramos contigo, un lugar privilegiado para el amor entre Tú y nosotros. ¡Nada debe empañar este amor! Por eso, amado Padre, te pedimos que purifiques nuestro templo interior para que tu amor pueda habitar en él y puedas exclamar:
«¡Toda hermosa eres, amor mío, no hay defecto en ti! ¡Anímate, amor mío, hermosa mía, y ven!» (Ct 4,7; 2,13b).
EL PASTOR DE TODOS LOS HOMBRES
«A todas [mis ovejas] las pastorearé con justicia» (Ez 34,16).
Amado Padre, tú dirigiste estas maravillosas palabras a tu pueblo Israel, mostrando así tu profundo amor por tu primogénito. Siempre permaneciste fiel a tu pueblo, a pesar de que este se desviara tantas veces del camino. A veces tuviste que devolverlo con mano firme y recordarle la alianza que habías sellado con él. Pero siempre estabas dispuesto a perdonar y a olvidar sus pecados, si tan solo te hubieran escuchado.
“LAS TENTACIONES DEL SEÑOR”
Amado Padre, en la liturgia de hoy nos encontramos con el diablo, que se atreve a intentar seducir a tu divino Hijo. ¡Qué presunción por su parte, pues en Jesús no hay ningún «lado débil» del que podría valerse para sus fines y nadie podría serte más fiel que Él, el Hijo amado!
“UN AYUNO GRATO A TUS OJOS”
«Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas (…) a dominar nuestro orgullo, e imitar así tu generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados» (Prefacio de Cuaresma).
A través del profeta Isaías, amado Padre, nos dejas muy claro en qué consiste un verdadero ayuno. Tú aborreces toda injusticia y te horroriza que alguien sea capaz de perjudicar a quien ya de por sí tiene poco. El santo ayuno incluso puede pervertirse cuando se practica simplemente porque goza de prestigio en una sociedad religiosa –como era el caso del pueblo judío en el pasado– pero se le despoja de su sentido más profundo.
“AMOR A LOS ENEMIGOS”
«Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,44-45a).
“EL SEÑOR SE ADMIRÓ”
NOTA PRELIMINAR: Esta reflexión está relacionada con la meditación diaria de hoy (es.elijamisison.net) y probablemente solo se entienda en este contexto.
“UN SECRETO DEL AMOR”
NOTA PRELIMINAR: A lo largo de estos cuarenta días, los «3 Minutos para Abbá» están en contexto con las meditaciones diarias, que constituyen una especie de retiro espiritual de Cuaresma: es.elijamission.net
«Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4b).
“EL SEÑOR ENJUGA LAS LÁGRIMAS”
«Acabará para siempre con la muerte. Enjugará el Señor Dios las lágrimas de todos los rostros» (Is 25,8).
Amado Padre, se acerca el día en que, a través de tu Iglesia, nos recuerdas la gran obra que has realizado por medio de tu Hijo. Allí, en el Calvario, acabaste para siempre con la muerte. Así, has enjugado las lágrimas de todos los rostros, porque todos los hombres pueden alcanzar la vida eterna si creen en tu Hijo y reconocen tu amor manifestado en Él.
“INCLINAD EL OÍDO”
«Inclinad el oído y acudid a mí, oíd y vuestra vida prosperará» (Is 55,3).
Para recibir todo lo que nuestro Padre nos tiene preparado, tenemos que aprender a escuchar y, por tanto, centrar toda nuestra atención en Él. Inclinar el oído significa escuchar con el corazón, querer descubrir exactamente lo que el Dios vivo tiene que decirnos, investigar sus planes acercándonos a Él con total confianza y dispuestos a escuchar. De esta manera, prospera la verdadera vida, porque se produce un intercambio de amor. El que nos habla —nuestro Padre— es el amor mismo, y aquel que está llamado a escuchar —el hombre— fue creado por este amor.
