«Vosotros sois la luz del mundo (…). Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mt 5,14a.16).
Esta maravillosa palabra va dirigida a los discípulos del Señor, es decir, ¡a cada uno de nosotros! A través de la unión con Jesús, no solo somos iluminados por su luz, sino que nosotros mismos nos convertimos en luz del mundo al transmitir la Palabra de Dios y realizar sus obras. Y, puesto que quien nos lo dice es el Divino Maestro, el Hijo de Dios, no se trata de presunción por nuestra parte.
