«La santidad consiste simplemente en hacer la voluntad de Dios y ser exactamente lo que Dios quiere que seamos» (Santa Teresita del Niño Jesús).
Sin duda, Santa Teresita del Niño Jesús tiene toda la razón en lo que nos dice con esa característica sencillez que Dios le ha dado, mostrándonos que todas las personas pueden recorrer el camino de la santidad. Eso implica que, por nuestra parte, nos preguntemos cuál es la voluntad de Dios. Jesús nos dejó claro que le amamos cuando seguimos sus preceptos (Jn 14,15) y vivimos así en la gracia de Dios. Si lo hacemos, comprenderemos cada vez mejor las indicaciones del Señor y, dotados del «espíritu de consejo», aprenderemos a identificar con creciente facilidad cuál es su voluntad en cada situación.
¡El camino es sencillo! De hecho, no es nuestro Padre quien nos complica la vida y nos la pone difícil. A menudo, es nuestra propia voluntad la que nos frena en el camino del seguimiento, ya que sigue teniendo otros deseos y proyectos para la vida y no se ha sometido lo suficiente al suave yugo del Señor.
La frase de hoy no significa que ese camino esté exento de sufrimientos. Pero siempre permanece en pie la promesa de nuestro Padre celestial de que nos acompañará y nos dará todo lo que necesitemos para afrontar cada situación en su Espíritu.
Si, bajo la guía del Espíritu Santo, seguimos sinceramente el camino que Él nos marca, empezamos a experimentar una transformación interior y nos convertimos en lo que Dios quiere que seamos: nos volvemos semejantes a su Hijo. Esto sucede día tras día, cuando aprendemos a vivir siguiendo la guía interior del Espíritu Santo. Él es nuestro Amigo y Maestro divino.
A nivel objetivo, también esto es sencillo. Para que se nos vuelva más fácil a nivel subjetivo, es necesario que estemos dispuestos a dejarnos purificar e iluminar por el amor de Dios.
