«Cuidaos de la prisa y la inquietud, pues nada obstaculiza más el crecimiento interior que eso». (De una carta de san Francisco de Sales a santa Francisca de Chantal).
¿Cómo podemos superar nuestra tendencia a la prisa y la inquietud, que fácilmente dispersan nuestra vida y nos inducen a cometer muchos errores innecesarios? Debemos tener claro que se trata de inclinaciones que proceden de nuestra naturaleza humana. Para superarlas no basta con tener un temperamento flemático.
Lo que sí puede ayudarnos es sumergirnos más profundamente en la presencia de nuestro Padre, precisamente cuando nos vemos arrastrados por nuestra naturaleza. Eso implica que aprendamos a percibir cuándo nos estamos dejando llevar por la prisa y la inquietud. En esos momentos, tal vez podamos recordar lo bello que es cuando cumplimos lo que se nos ha encomendado con serenidad y calma. Eso podría ayudarnos a recuperar, con la ayuda de Dios, esa quietud.
No hay motivo para la prisa y la inquietud, que, por cierto, deben distinguirse de la urgencia que en ocasiones puede ser necesaria. Nuestro Padre tiene en sus manos la situación que atravesamos. Entonces, ¿qué puede sucedernos?
Solo tenemos que detenernos y elevar la mirada hacia Él; entonces, un rayo de paz iluminará la situación dada y devolverá el recogimiento a nuestra alma. Esto explica por qué san Francisco de Sales afirma que la prisa y la inquietud obstaculizan el avance en la vida interior. En tal estado, el alma no está en Dios, sino que se deja llevar por las circunstancias o por el desequilibrio interior.
Si aprovechamos todas las oportunidades que se nos presentan para estar a solas con el Señor y dejamos que nuestra alma se acalle «como un niño en brazos de su madre» (Sal 130,2), podremos, a partir de ahí, afrontar las situaciones que nos sobrevengan. El recogimiento interior en Dios se convertirá en algo natural y nos daremos cuenta más rápidamente cuando la prisa y la inquietud quieran apoderarse de nosotros. Entonces procuraremos volver cuanto antes a nuestra «celda interior».
