“LA MEJOR OBRA”  

«La mejor obra que podemos realizar en el mundo es conducir a las almas perdidas hacia el buen sendero, hacia el camino de la virtud, hacia Dios» (San Juan Bosco).

Eso fue precisamente lo que hizo Don Bosco, que se ocupó con gran celo de las almas jóvenes, de aquellas que a menudo vivían al margen de la sociedad. Condujo a muchas de ellas hacia Dios. De este modo, realizó la obra de nuestro Padre celestial, que tanto anhela que los hombres vuelvan a Él, a su verdadero hogar.

En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, Dios Padre también nos exhorta a emplear todos los medios posibles para conducir a los hombres hacia Él, para que reconozcan que es el más bondadoso de todos los padres. Al enumerar los propósitos de su venida, nuestro Padre señala en primer lugar:

«Vengo para desterrar el temor excesivo que Mis criaturas tienen de Mí, y para hacerles comprender que Mi alegría está en ser conocido y amado por Mis hijos; es decir, por toda la humanidad presente y futura».

Por tanto, alegramos a Dios y al cielo entero cuando ayudamos a que las personas se conviertan a Él o profundicen su fe, volviéndose así aún más fructíferas para su Reino.

San Juan Bosco trataba a los jóvenes con gran amor, y fue así como se ganó su confianza. Si el amor de nuestro Padre habita y actúa en nuestros corazones, todas las personas con las que nos encontremos llegarán a conocerlo. Aunque nuestra vida no esté marcada por grandes actividades externas, todos podemos orar y ofrecer nuestros sacrificios por el retorno de las almas perdidas.