“LA FUERZA DE LA VERDAD”

«La verdad tiene el poder de perdurar». (Palabra interior).

Todo pasa, pero la Palabra de Dios permanece. Así nos lo asegura el Señor en el Evangelio (Lc 21, 33). En medio de la agitación y los turbulentos cambios que nos rodean, hay algo que permanece para siempre: ¡nuestro Padre mismo! Por eso nos ha comunicado sus palabras imperecederas. Estamos llamados a vivir conforme a esta verdad inmutable. A partir de ella, debemos aprender a distinguir lo perecedero de lo imperecedero, lo importante de lo menos importante y de lo insignificante.

Por tanto, nosotros, que por la gracia de Dios hemos encontrado la santa fe, debemos permanecer firmes en ella. Es la fe la que vence al mundo (1Jn 5,4). Es la fe la que perdurará en estos tiempos confusos. Es la fe la que está cimentada en la verdad. Jesús mismo nos dice que Él es la verdad (Jn 14,6). Él ha confiado la verdad a su Iglesia y debemos aferrarnos a ella, incluso cuando el dragón sople el venenoso aliento de sus engaños hasta dentro de ella.

La verdad es invencible. Aunque se la oculte por un tiempo, tiene el poder de perdurar y de revelarse una y otra vez. Por eso es tan importante vivir conforme a ella y dar testimonio de ella. En una ocasión, escuché esta palabra interior:

«Con la verdad sucede lo mismo que con el amor. Cuanto más la expresas y la pones en práctica, más profundamente penetra en ti y moldea tu ser. ¡Por eso, no dudes en expresar la verdad siempre que se presente la ocasión!».

Demos testimonio del amor de nuestro Padre mediante una vida de santidad y confiando en Él. Eso perdurará y, poco a poco, quizá también lo comprendan aquellos cuyo corazón aún no ha despertado al amor de Dios y que aún no se han encontrado con la verdad de tal manera que ésta rija por completo su vida.