«La compasión de Dios por ti es más grande que todas tus preocupaciones» (San Juan Bautista de La Salle).
Las Sagradas Escrituras nos exhortan una y otra vez a no dejarnos llevar por las preocupaciones. De hecho, la ansiedad excesiva nos sumerge en una situación muy irreal desde el punto de vista espiritual. Esta irrealidad consiste en que no vemos salida y las preocupaciones nos agobian constantemente, debilitando nuestra fuerza vital y afectando incluso a nuestra apariencia, de modo que, en cierto modo, miramos hacia el mundo con cara avinagrada. ¿Quién no ha visto esos rostros surcados por las preocupaciones que despiertan nuestra compasión?
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). Con estas palabras, Jesús quiere levantarnos y animarnos. También la exhortación: «Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros» (1Pe 5,7) nos invita a encontrar la verdadera solución.
En la frase de hoy, san Juan Bautista de La Salle nos ofrece una manera de afrontar mejor las preocupaciones. Se trata de comprender que la compasión de Dios por nosotros siempre es mayor que nuestras preocupaciones. Nuestro Padre conoce nuestro estado de ánimo interior y nuestras dificultades externas. Él conoce nuestra situación y no pasa de largo. A través de su compasión, quiere ponerse en nuestro lugar para difundir allí el calor de su amor. Así, nos hace saber que no estamos solos.
El problema de este «estado de preocupación excesiva» es que nos olvidamos fácilmente del Señor porque nos dejamos absorber demasiado por las preocupaciones. Quizás las palabras del santo nos ayuden a recordar más prontamente la amorosa presencia de Dios, capaz de transformarlo todo.
